Esta tarde, en una de las tantas pero pequeñas conversaciones que comúnmente tengo con mi enamorada, y en las que termino diciendo muchas cosas de las cuales no termino estando muy seguro de querer contar, pero que forman parte de mi vida, ella dijo algo que me llamó la atención, y no por lo que decía de manera literal, sino de lo que encerraba dentro de esas palabras que casi como un susurro salieron de su boca: Me arrepiento de haberte contado eso.
Bien, ustedes no saben ni nunca sabrán a qué se refería ella con "eso", pero les puedo decir que está muy lejos de lo que ustedes imaginan. Cuando ella dijo "eso" estaba haciendo mención a algo que me contó hace unos días. Una de esas cosas que forman parte de un pasado del que no estamos muy orgullosos, pero que cuando las recordamos nos pueden hacer sonreír. Al menos es lo que creo yo.
Lo que sucede es que, desde que ella me contó "eso", yo le empecé a dar rienda suelta a mi 'habilidad' para la 'burla'. Pero no una burla vulgar, hiriente, o degradante, sino más bien que sea capaz de hacerla reír, de decirle entrelíneas que "eso" que ella hizo me parece gracioso y que lo recuerdo muchas veces porque quiero reírme junto con ella de algo que le sucedió, así como cuando también busco hacerla reír contándole las mil y una anécdotas "vergonzosas" de las que he sido protagonista, y que trato de contarle casi diariamente.
En fin, lo cierto es que al parecer a ella no le agrada mucho la idea, y desde hoy he decidido no volver a hacerle esa broma. Con esto que estoy contando, no pretendo hacerla quedar como una persona que no aguanta bromas, sino más bien, que me parece una persona genial al contarme ese tipo de cosas de su "oscuro pasado", como yo le llamo, y que le agradezco esa confianza, que, de hecho, es recíproca.
Ahora, ¿a qué viene todo lo que escribí antes de esta línea?, pues a que mediante este blog, en el que también he compartido algunas cosas que quizás debí guardar solo para mí, he pensado en contarles algo de mi propio "oscuro pasado", y que forman parte de las cosas que más me avergüenzan.
Empezaré por la que vino primero a mi mente mientras iba en el carro de regreso a mi casa pensando en este tema: Cuando era un púber, me gustaban las canciones de Britney Spears.
Sí, aunque no lo crean, o quizás sí, no lo sé, me sabía todas las canciones de sus discos primero y segundo. Hasta me llegué a comprar unos cuantos stickers, y un par de pósters que aún debo tener por ahí, aunque ahora ya no adornando la pared de mi cuarto, sino más bien protegiendo mis zapatos de la humedad del piso.
Otra de las cosas que vino a mi mente en ese divertido viaje a mi "oscuro pasado", fue la de haber querido ser uno de los "Salserín" cuando tenía unos 8 ó 9 años. Ahora que lo pienso, gracias a Dios que recién estaba empezando a hacer uso de mi razón, sino hasta ahora me estaría rompiendo la cabeza por tratar de saber qué era lo que me hacía pensar en querer ser uno de esos niños desquiciados venezolanos. Bueno, es cierto que cantaba las canciones de Britney a mis 12, pero al menos ella era bonita... ¿no?
Y siguiendo con mis confesiones más indecorosas, esta vez le toca el turno a un hecho alejado de la música, y que servirá como el broche de oro perfecto para este bochornoso pero muy divertido [al menos para mí] post:
Ocurrió una vez que caminaba para ir a mi antiguo trabajo. Iba escuchando música con el volumen lo suficientemente alto como para no perderme las melodías, y lo suficientemente bajo como para escuchar si alguien me llamaba de improviso. Pasé por un parque en el que había un grupo de chicas no mayores de 16 años que conversaban alegremente entre ellas. Y desde que las vi, presentí que algo raro iba a ocurrir. Nunca, o mejor dicho, casi nunca, ningún grupo de chicas se ha gastado en molestarme. Es decir, empezar a silbarme, lanzarme besitos y ese tipo de cosas que algunos llaman "coquetería falsa". Bueno, ellas lo empezaron a hacer.
Como ya les dije, yo casi nunca había experimentado eso, entonces, me la empecé a creer un poco. Me hice el que no las escuchaba en lo más mínimo y seguí con la mirada al frente, cantando la canción que iba sonando en los audífonos de mi arrebatado mp4 (Briggite). Sin embargo, ellas continuaron con sus "piropos" y yo, ante el inusitado hecho, decidí voltear la mirada y dirigirla a ellas. No iba a hacer más, lo juro, pero una extraña fuerza se apoderó de mi mente y la obligó a mandar a mi boca las siguientes palabras: "Gracias, señoritas".
¡¿Para qué lo hice?! Lejos de sentirse avergonzadas, las chicas, que imagino aún estaban en el colegio, me empezaron a mirar con sus rostros llenos de extrañeza, como preguntándose "¿y a este qué le pasa?", hasta que una de ellas soltó la carcajada y dijo en voz lo suficientemente alta como para que la escuche todo aquel que estaba en ese parque: "¡Se la creyó!".
Sí pues, me la creí. ¿Y qué? Ahora ese recuerdo me hace reír como tienen idea, y la verdad es que me gusta recordarlo. Nunca lo he contado porque en serio me daba vergüenza, pero creo que es más divertido contarlo, para que así se pueda hacer bromas al respecto, no importa si el punto del chiste soy yo.
Esas han sido las cosas que más me avergonzaban y que ahora conoce todo aquel que revise este blog, si es que aún alguien lo visita. Espero los haya hecho reír al menos un poquito. Esa fue mi intención. De paso les dejo una canción que no va completamente de acuerdo con este tema, pero que bien podría acomodar algunas de sus líneas para ese fin. Porque al final, esas cosas que he contado, bien podrían ser consideradas como "Sins of my youth". Y la pregunta es para ella, "would you love me still...?".
Bien, ustedes no saben ni nunca sabrán a qué se refería ella con "eso", pero les puedo decir que está muy lejos de lo que ustedes imaginan. Cuando ella dijo "eso" estaba haciendo mención a algo que me contó hace unos días. Una de esas cosas que forman parte de un pasado del que no estamos muy orgullosos, pero que cuando las recordamos nos pueden hacer sonreír. Al menos es lo que creo yo.
Lo que sucede es que, desde que ella me contó "eso", yo le empecé a dar rienda suelta a mi 'habilidad' para la 'burla'. Pero no una burla vulgar, hiriente, o degradante, sino más bien que sea capaz de hacerla reír, de decirle entrelíneas que "eso" que ella hizo me parece gracioso y que lo recuerdo muchas veces porque quiero reírme junto con ella de algo que le sucedió, así como cuando también busco hacerla reír contándole las mil y una anécdotas "vergonzosas" de las que he sido protagonista, y que trato de contarle casi diariamente.
En fin, lo cierto es que al parecer a ella no le agrada mucho la idea, y desde hoy he decidido no volver a hacerle esa broma. Con esto que estoy contando, no pretendo hacerla quedar como una persona que no aguanta bromas, sino más bien, que me parece una persona genial al contarme ese tipo de cosas de su "oscuro pasado", como yo le llamo, y que le agradezco esa confianza, que, de hecho, es recíproca.
Ahora, ¿a qué viene todo lo que escribí antes de esta línea?, pues a que mediante este blog, en el que también he compartido algunas cosas que quizás debí guardar solo para mí, he pensado en contarles algo de mi propio "oscuro pasado", y que forman parte de las cosas que más me avergüenzan.
Empezaré por la que vino primero a mi mente mientras iba en el carro de regreso a mi casa pensando en este tema: Cuando era un púber, me gustaban las canciones de Britney Spears.
Sí, aunque no lo crean, o quizás sí, no lo sé, me sabía todas las canciones de sus discos primero y segundo. Hasta me llegué a comprar unos cuantos stickers, y un par de pósters que aún debo tener por ahí, aunque ahora ya no adornando la pared de mi cuarto, sino más bien protegiendo mis zapatos de la humedad del piso.
Otra de las cosas que vino a mi mente en ese divertido viaje a mi "oscuro pasado", fue la de haber querido ser uno de los "Salserín" cuando tenía unos 8 ó 9 años. Ahora que lo pienso, gracias a Dios que recién estaba empezando a hacer uso de mi razón, sino hasta ahora me estaría rompiendo la cabeza por tratar de saber qué era lo que me hacía pensar en querer ser uno de esos niños desquiciados venezolanos. Bueno, es cierto que cantaba las canciones de Britney a mis 12, pero al menos ella era bonita... ¿no?
Y siguiendo con mis confesiones más indecorosas, esta vez le toca el turno a un hecho alejado de la música, y que servirá como el broche de oro perfecto para este bochornoso pero muy divertido [al menos para mí] post:
Ocurrió una vez que caminaba para ir a mi antiguo trabajo. Iba escuchando música con el volumen lo suficientemente alto como para no perderme las melodías, y lo suficientemente bajo como para escuchar si alguien me llamaba de improviso. Pasé por un parque en el que había un grupo de chicas no mayores de 16 años que conversaban alegremente entre ellas. Y desde que las vi, presentí que algo raro iba a ocurrir. Nunca, o mejor dicho, casi nunca, ningún grupo de chicas se ha gastado en molestarme. Es decir, empezar a silbarme, lanzarme besitos y ese tipo de cosas que algunos llaman "coquetería falsa". Bueno, ellas lo empezaron a hacer.
Como ya les dije, yo casi nunca había experimentado eso, entonces, me la empecé a creer un poco. Me hice el que no las escuchaba en lo más mínimo y seguí con la mirada al frente, cantando la canción que iba sonando en los audífonos de mi arrebatado mp4 (Briggite). Sin embargo, ellas continuaron con sus "piropos" y yo, ante el inusitado hecho, decidí voltear la mirada y dirigirla a ellas. No iba a hacer más, lo juro, pero una extraña fuerza se apoderó de mi mente y la obligó a mandar a mi boca las siguientes palabras: "Gracias, señoritas".
¡¿Para qué lo hice?! Lejos de sentirse avergonzadas, las chicas, que imagino aún estaban en el colegio, me empezaron a mirar con sus rostros llenos de extrañeza, como preguntándose "¿y a este qué le pasa?", hasta que una de ellas soltó la carcajada y dijo en voz lo suficientemente alta como para que la escuche todo aquel que estaba en ese parque: "¡Se la creyó!".
Sí pues, me la creí. ¿Y qué? Ahora ese recuerdo me hace reír como tienen idea, y la verdad es que me gusta recordarlo. Nunca lo he contado porque en serio me daba vergüenza, pero creo que es más divertido contarlo, para que así se pueda hacer bromas al respecto, no importa si el punto del chiste soy yo.
Esas han sido las cosas que más me avergonzaban y que ahora conoce todo aquel que revise este blog, si es que aún alguien lo visita. Espero los haya hecho reír al menos un poquito. Esa fue mi intención. De paso les dejo una canción que no va completamente de acuerdo con este tema, pero que bien podría acomodar algunas de sus líneas para ese fin. Porque al final, esas cosas que he contado, bien podrían ser consideradas como "Sins of my youth". Y la pregunta es para ella, "would you love me still...?".



