Esto debí haberlo escrito ayer, apenas leí lo que tú habías escrito. Pero no lo hice, y no sé por qué. Tal vez quise ignorarlo. Hacer la cuenta que no leí ninguna de tus palabras para verte hoy sin la necesidad de preguntarte por qué lo hiciste. Es que iba a ser complicado tocar el tema. No me imagino preguntándote por qué escribiste eso. ¿Y luego qué? Si me decías que lo hiciste sin ninguna razón, ¿qué? Si me decías que lo hiciste porque te dio la gana, ¿qué? Si me decías que lo habías escrito por la misma razón por la que yo ahora escirbo esto, ¿qué?
Dime, pues, ¿qué? Yo no sé. Tal vez te hubiera mirado. No, no te hubiera mirado. Te hubiera evitado. Sí, eso. Porque no habría sabido qué decirte. No soy capaz de decirte ninguna de las cosas que debo. O mejor dicho, que no debo, porque sé que no está bien decírtelas. Todas las palabras que pienso decirte están mal. Y no me preguntes por qué. Sé que lo sabes, pero calla. Deja que el silencio se encargue de borrar esto. No es lo que quiero, pero es lo que debe ser. ¿Me entiendes? No es complicado. Guarda tus palabras.
No me dejes explicarte lo que no te estoy diciendo. No pretendas actuar como si no supieras nada. Mejor olvida esto, "mientras no te olvides de mí". Acuérdate quién soy: el que te hace reír, con o sin ganas. Con bromas, con cosquillas. Piensa en mí como un payaso. Ese que algún día quise ser. El que se pinta la cara y se pone una gran nariz. Pero no el que te asustaba de niña. Piensa en uno bueno. Uno que solo te provoca risa. Un payaso. Eso, un verdadero payaso.
O un mentiroso. Recuerda mis mentiras. "Eres un mentiroso". Acuérdate de eso. Piensa en las veces que te mentía. Y luego trae a tu mente las verdades que yo mismo te decía. Porque nunca te pude mentir. Tú sabes. Soy un falso mentiroso. Inventor de historias. Hacedor de situaciones que luego admitía ficticias. "Mentiroso". Me gusta. Me gusta escucharte decirlo, porque no lo haces con maldad. Me dices mentiroso con cariño. Así lo siento. ¿Acaso me equivoco? No quiero equivocarme, aunque debería.
Tengo que estar equivocado. No puedo dejar que sientas cariño por mí. Me da miedo. Temo que ese cariño se acabe sin haberlo conocido. Me aterra conocerlo y perderlo luego. Prefiero que no exista. ¿Existe? Quiero que me lo digas. Pero no debo saberlo. Es que yo... tú sabes. Ya lo debes haber supuesto. No me hagas ser más claro. Olvídalo. "¿Cómo estás?". Confundido. Quiero confundirte. Que no me entiendas. Que olvides. Pero ya es tarde. Ya lo sabes. ¿Qué hago ahora? Vuelvo al principio. No sé qué hacer, pero sé lo que no debo, o qué no debía.
¿Qué haré mañana? Hola. Creo que bien. Mentira. Estoy nervioso. ¿No lo sabes? Entonces estoy bien. No te lo diré. ¿Estás molesta? Parece. Discúlpame. Te quiero... te quiero decir, digo, que tengo una nueva cicatriz.
Dime, pues, ¿qué? Yo no sé. Tal vez te hubiera mirado. No, no te hubiera mirado. Te hubiera evitado. Sí, eso. Porque no habría sabido qué decirte. No soy capaz de decirte ninguna de las cosas que debo. O mejor dicho, que no debo, porque sé que no está bien decírtelas. Todas las palabras que pienso decirte están mal. Y no me preguntes por qué. Sé que lo sabes, pero calla. Deja que el silencio se encargue de borrar esto. No es lo que quiero, pero es lo que debe ser. ¿Me entiendes? No es complicado. Guarda tus palabras.
No me dejes explicarte lo que no te estoy diciendo. No pretendas actuar como si no supieras nada. Mejor olvida esto, "mientras no te olvides de mí". Acuérdate quién soy: el que te hace reír, con o sin ganas. Con bromas, con cosquillas. Piensa en mí como un payaso. Ese que algún día quise ser. El que se pinta la cara y se pone una gran nariz. Pero no el que te asustaba de niña. Piensa en uno bueno. Uno que solo te provoca risa. Un payaso. Eso, un verdadero payaso.
O un mentiroso. Recuerda mis mentiras. "Eres un mentiroso". Acuérdate de eso. Piensa en las veces que te mentía. Y luego trae a tu mente las verdades que yo mismo te decía. Porque nunca te pude mentir. Tú sabes. Soy un falso mentiroso. Inventor de historias. Hacedor de situaciones que luego admitía ficticias. "Mentiroso". Me gusta. Me gusta escucharte decirlo, porque no lo haces con maldad. Me dices mentiroso con cariño. Así lo siento. ¿Acaso me equivoco? No quiero equivocarme, aunque debería.
Tengo que estar equivocado. No puedo dejar que sientas cariño por mí. Me da miedo. Temo que ese cariño se acabe sin haberlo conocido. Me aterra conocerlo y perderlo luego. Prefiero que no exista. ¿Existe? Quiero que me lo digas. Pero no debo saberlo. Es que yo... tú sabes. Ya lo debes haber supuesto. No me hagas ser más claro. Olvídalo. "¿Cómo estás?". Confundido. Quiero confundirte. Que no me entiendas. Que olvides. Pero ya es tarde. Ya lo sabes. ¿Qué hago ahora? Vuelvo al principio. No sé qué hacer, pero sé lo que no debo, o qué no debía.
¿Qué haré mañana? Hola. Creo que bien. Mentira. Estoy nervioso. ¿No lo sabes? Entonces estoy bien. No te lo diré. ¿Estás molesta? Parece. Discúlpame. Te quiero... te quiero decir, digo, que tengo una nueva cicatriz.



