sábado 27 de noviembre de 2010

La visita de Billy


Cuando me enteré que Billy Corgan venía a Lima a tocar las canciones de los Smashing Pumpkins, me dije a mí mismo que por nada del mundo me perdía ese concierto, incluso si no conseguía trabajo. Felizmente pude conseguir dinero prestado, y luego el puesto de trabajo que necesitaba para pagar lo que pedí por la entrada.

Desde que tuve la entrada en mis manos estaba muy ansioso por que el día del concierto llegue. Todos los días repetía las canciones de los SP que sonaban en mi mp4, mientras iba al trabajo, a caminar, a montar bicicleta, o cuando me quedaba despierto en las madrugadas soñando con poder gritar "Stand inside your love".

Cuando por fin el calendario marcó el gran día (25 de noviembre), se me erizaron los vellos de la piel. Es que Smashing Pumpkins no es una banda cualquiera para mí (y para muchos otros). La voz de Billy Corgan tiene ese poder de transportarme a un espacio que nunca termino de conocer. Es como si fuera un viaje a otra dimensión, en la que mi mente se despoja de mi cuerpo y solo flota dejándose llevar por qué se yo.

También es recordar episodios de mi vida que no necesariamente han sido buenos, pero que la magia de Billy los transforma en hechos bellamente recordables. Es una experiencia nostálgica, pero que no queda solo en los recuerdos, sino que va más allá. Es como si volviera a vivirlos, pero sin cometer errores, o cometiéndolos pero ya sin sentir culpa, porque la voz de Billy está ahí... acompañando y adueñándose de la tristeza.

Por eso es que no quise perderme escuchar en vivo canciones como "Disarm", o "Tonight, tonight", entre otras. Quería estar ahí, presente, escuchando y viendo cómo Billy interpreta las canciones que lo han llevado a convertirse en un genio.

En fin, llegué al estadio de la Universidad San Marcos con mi entrada a la Zona A. Entré al campo, me paré en el lugar que creí el mejor (felizmente encontré un buen sitio, muy cerca al escenario) y esperé hasta ver salir a Billy y su grupo de músicos.

Estuve esperando desde cerca de las siete de la noche. El Lima Hot Festival (así se llamaba el espectáculo) ya había empezado cuando yo llegué. No escuché a la primera banda que salió (Space Bee), pero sí pude escuchar a La Mente (no es mi estilo, pero para pasar el rato o 'tonear' está bien), Leusemia (no es necesario que diga algo sobre Daniel F y compañía) y Stereophonics (me gustan unas cuantas canciones, no todas, pero la pasé bien escuchándolos). Y con esas cuatro bandas ya fuera del escenario, era el turno de que Billy haga suya la noche.

Eran las 10.30 pm más o menos cuando anunciaron lo que Lima tanto había estado esperando: Los Smashing Pumpkins. Es cierto, no son los SP originales, pero qué va. Al menos estaba Corgan, y eso ya era bastante.

Él salió y la gente lo recibió como solo un grande como él se lo merece. Después de agradecer el gesto que sus fanáticos peruanos, Billy empezó a decirnos que ése iba a ser uno de los mejores días de nuestras vidas. Aunque, al final, sentí que estuvo lejos de serlo.

Lo que pasa es que no escuché muchas de las canciones que quería escuchar. Había comprado mi entrada pensando en escuchar "That's the way (my love is)", por ejemplo, y no la escuché. Además, faltó "Mayonaise". ¿Qué es un playlist de los SP sin esta canción?

Otra cosa. La actitud de Billy. Sé que es egocéntrico, que no le interesa lo que alguien opine de lo que hace, pero creo que tampoco es para mostrarse aburrido. ¿O acaso alguien de los que fue me va a negar que se le notaba aburrido? Se notaba a leguas, aunque yo lo noté estando muy, muy cerca.

En fin. No me voy a poner a renegar ahora. Solo me queda decir que igual agradezco que Corgan y su nueva banda (la bajista se robó mi corazón, no por su físico, sino por la manera tan sensual de tocar) hayan venido a nuestra ciudad. Igual agradezco la sinceridad de Billy al decir que el tráfico limeño era terrible (me hizo reír mucho cuando dijo eso, incluso bromeó al decir que pensaba que nosotros, los asistentes, habíamos tenido que salir desde el día anterior para poder estar ahí). Por todo eso y por regalarme una parte de lo que creía imposible, gracias.

Aquí les dejo algunas fotos que tomé ese día y un video.







lunes 15 de noviembre de 2010

Twisted Metal 2: Una pasión

Hablar de videojuegos me emociona. Me hace recordar, quizás, los momentos más felices de mi infancia y parte de mi adolescencia. Cómo no dejarme embargar por la nostalgia al rememorar esos momentos en los que me sentaba frente a un televisor, me aferraba a una manija y me sumergía de lleno en un mundo virtual maravilloso. Uno que siempre me abría sus puertas y en el que nunca me sentí ajeno, como muchas veces sí me he sentido en el mundo real.

Empecé desde muy niño, no recuerdo qué edad tenía exactamente, pero calculo que a los 5 años ya había jugado, al menos, unas dos sagas de Mario Bros. Por ese entonces, para jugar Supernintendo tenía que ir a los locales donde, a cambio de una moneda de un Sol, tenía acceso para poder disfrutar del único vicio que he tenido en mi vida por una hora (o media, si es que pagaba con 50 céntimos).

Jugaba de todo. Desde Soccer 2 hasta Castlevania, y todos los juegos me gustaban. El Supernintendo fue mi debilidad por muchos años, hasta que un día descubrí una consola de color gris que funcionaba con Cd's: La divina PlayStation.

Fue amor a primera vista. Me conquistó con el primer juego que probé: 3Xtreme. Al igual que con el Supernintendo, tenía que ir a alquilar la Playstation, aunque cobraban más (2 Soles la hora en un principio, luego fue bajando hasta 1 Sol). Pero, gracias a mis padres, cuando cumplí 13 años tuve mi propia Play en casa.

Ya se imaginarán las horas de horas que pasaba con mi Play. Acepto que me digan vicioso, es que en verdad lo era. Sobre todo cuando de jugar uno de los mejores juegos de la historia, sino el mejor, se trataba: Twisted Metal 2. ¡Gracias por inventarlo! Gracias, de verdad.

Quien no lo haya jugado nunca, no sabe lo que se ha perdido. Carros batallando en diversos lugares del mundo, luchando unos contra otros para ser los vencedores en el torneo que la mente retorcida de Calypso había preparado. Twisted Metal 2 era, simplemente, espectacular.

Ciudades como Los Ángeles, Moscú, París, Nueva York, Holanda, Hong Kong y la Amazonía servían de escenario para los choques más violentos y los misiles más certeros entre los carros con las actitudes más belicosas jamás antes vistas.

Mi favorito era Spectre, aquel del misil capaz de traspasar paredes hasta llegar a impactar en el enemigo. Conduciendo con él me sentía seguro, rápido y audaz. Si las cosas empezaban a salir mal (su armadura no era muy buena), podía acelerar e ir en busca de la medicina que me devuelva al mejor estado. Era el carro perfecto para mí.

Otro que me gustaba era Outlaw 2, que, de hecho, fue el primero que usé. Lo conducía la bella oficial Jamie Roberts (en mi otro blog tengo un dibujo de ella), dueña de unos ojos azules que impactaban. Aparte de hermosa (fue una de las primeras mujeres de las que me enamoré) era muy hábil al momento de enlazar con su onda magnética a los enemigos que se encontraban alrededor de su coche patrulla.

Todos los carros tenían su propia característica, lo que permitía que cada jugador escoja el que mejor le acomode. Twister era veloz, con un special weapon (un remolino) bastante potente, pero con una armadura muy débil. Thumper era el carro perfecto para el que gustaba de ir al ataque sin medir mucho las consecuencias (su gigantesca flama delantera intimidaba a cualquiera). Warthog era lento, pero muy fuerte. Mr. Grim era para los que se aventuraban y dejaban que la adrenalina recorra por sus venas. Mr. Slam era perfecto para quienes no buscaban velocidad, pero sí mucha estrategia. Escoger a Axel era demostrar que no se le temía a nada. Shadow era para los más precisos al atacar. Roadkill para los que con poco se sentían capaces de mucho. Grasshopper para los que atacaban por sorpresa. Hammerhead te hacía sentir amo de las pistas. Y Minion, Sweetooth y Dark Tooth para los amantes de los trucos.

En fin. Twisted Metal 2 era, es y seguirá siendo lo máximo. No habrá juego de su género que lo supere (se ha hecho varios TM luego de éste, incluso para consolas más modernas como la PS2 o la PS3, pero ninguno, según mi opinión, ha sido suficientemente bueno como lo fue el TM2).

Todo era muy bueno en este juego. Los gráficos, aunque en 2d, eran estupendos. Ni qué decir del soundtrack, simplemente PERFECTO. Mi escenario de batalla favorito era París, pero el tema de Moscú se lleva todos mis reconocimientos. Bueno de principio a fin. Aquí, justamente, les dejo un video que he editado para esta ocasión. Disfrútenlo.
video