Este año Lima se ha portado mal conmigo, quizás porque yo también me he portado mal con ella. Este año Lima no me gusta, no me seduce, no me encanta. Y no lo digo por su caos urbano o por sus constantes contrastes que no terminan nunca de encajar. Lo digo porque este año Lima empezó muy calurosa, abrumadora, sofocante. El sol (¡cómo lo detesto!) siempre brillaba borrando la típica y cautivante sábana grisácea del cielo. Lima no es lo que era. Lima era más feliz sin sol. Lima me enamoraba con sus inviernos, pero este año ha decidido terminar nuestra relación.
Los inviernos de Lima eran los mejores (y los únicos) que he vivido. Y lo que los hacía aun más queridos por mí, era que yo nací en agosto, un día como hoy, en los que normalmente llueve mucho, el cielo es oscuro, la neblina cubre todo lo que está a la vista y no paro de temblar. Pero esta vez no. Este invierno ha sido soleado, sin lloviznas y con horizontes despejados. Nada tuvo de limeño.
Por eso, lo único que pido como regalo de cumpleaños es un día de invierno de verdad. Quiero salir a tomar un café y un helado acompañado de las gotas que caen del cielo. Quiero ocultarme en la neblina y escuchar el paso del viento. Quiero que Lima me contagie su ánimo gris, que no tiene por qué ser triste. Quiero caminar sintiendo frío, casi congelarme.
¿Podrías regalarme lo que te pido, Lima, como un último presente después de esta ruptura? Luego, si quieres, pon el sol en tu cielo para siempre.
Los inviernos de Lima eran los mejores (y los únicos) que he vivido. Y lo que los hacía aun más queridos por mí, era que yo nací en agosto, un día como hoy, en los que normalmente llueve mucho, el cielo es oscuro, la neblina cubre todo lo que está a la vista y no paro de temblar. Pero esta vez no. Este invierno ha sido soleado, sin lloviznas y con horizontes despejados. Nada tuvo de limeño.
Por eso, lo único que pido como regalo de cumpleaños es un día de invierno de verdad. Quiero salir a tomar un café y un helado acompañado de las gotas que caen del cielo. Quiero ocultarme en la neblina y escuchar el paso del viento. Quiero que Lima me contagie su ánimo gris, que no tiene por qué ser triste. Quiero caminar sintiendo frío, casi congelarme.
¿Podrías regalarme lo que te pido, Lima, como un último presente después de esta ruptura? Luego, si quieres, pon el sol en tu cielo para siempre.



