sábado 16 de enero de 2010

¡Vengan esos 5, Li5!

¿Qué fechas recuerdas? En mi caso, seguramente que no más de 10. Y no solo por tener mala memoria (en algunas ocasiones), sino también porque no he tenido muchas fechas para recordar. Sin embargo hay una que me llama muchísimo la atención porque creo ser de los pocos que pueden recordar un aniversario como ése. Para ser sincero, debo admitir que no hubiera sido capaz de recordar una fecha así, de no haber sucedido justo el mismo día en que termina un año.

Ese día yo no tenía nada planeado, solo esperaba que mis padres me dejen solo en la casa para poder escuchar música a alto volumen y recibir el nuevo año de una manera muy distinta a la de la mayoría de personas.

Por aquellos días –estoy habando de diciembre de 2004– no tenía aún Internet en mi casa, por lo que para poder hacer vida social en el Messenger, tenía que ir a una cabina pública. Por lo general alquilaba una hora, pero siempre me quedaba la sensación de querer quedarme más tiempo. Ese día solo alquilé una hora, pero me hubiera quedado toda la noche conversando con la persona que estaba a punto de conocer.

Apenas abrí mi cuenta, apareció una de esas ventanas que te informan que alguien te ha agregado. Por esa época yo aceptaba a la mayoría de los que me agregaban porque andaba metido en muchas comunidades virtuales, y por eso no tenía sentido rechazar a las personas que me agregaban sin antes conocerlas un poquito siquiera.

Ella también pasó por lo mismo, es decir, también le apareció esa ventana en su cuenta al momento de iniciar sesión, por lo que nunca pudimos descubrir quién había agregado a quién.

No recuerdo lo que conversamos ese día, pero de lo que sí estoy seguro es que no fue nada de lo que comúnmente uno suele conversar con alguien que recién conoce por Messenger. Es más, no supe dónde vivía, o qué edad tenía hasta la siguiente semana que la volví a encontrar.

Ella fue, sin dudarlo en lo más mínimo, la primera persona que despertó un interés inusual en mí. Nunca supe qué es lo que me atraía de ella, pero me gustaba no poder descubrirlo. Sentía que con ella nunca me aburriría, porque siempre teníamos de qué conversar. Por eso, no pasó mucho tiempo para que mi despistado corazón empezase a sentir algo que no debía.

Pero no lo culpo. A veces resulta beneficioso sentir esos extraños hormigueos en el estómago, aun cuando no exista reciprocidad. De las experiencias se aprende, y yo puedo decir que de ésa aprendí muchísimo.

Cuando ella supo todo lo que yo sentía, las cosas cambiaron terriblemente entre nosotros. Las peleas empezaron a ser una infeliz constante en nuestras conversaciones. Yo pensaba que se podía convencer a una persona de intentar sentir lo mismo por uno, pero ella me enseñó inconscientemente que eso es imposible. Lástima que entenderlo me costó muchísimo: cerca de un año sin comunicarme con ella.

Al principio actué como una persona rencorosa. Sentía que todavía la quería, pero también deseaba que sufra al menos un poquito por “todo lo que me había hecho”. Lógicamente ella no me hizo nada más que mostrarme la realidad.

Cuando ya todo parecía perdido, cuando creí que de ella solo me quedaría un ambiguo recuerdo, sucedió lo inesperado. Como el resurgimiento de la mitológica ave fénix, las cenizas de nuestra calcinada relación se regeneraron y convirtieron en una infranqueable y flamante amistad. No sé cómo pasó, pero de un momento a otro empezamos a compartir millones de cosas, como las de al principio de todo, cosas que me hicieron pensar que el tiempo que estuvimos sin saber nada el uno del otro sirvió para darme cuenta –o darnos cuenta, no sé– de que el destino a veces hace buenas jugadas, pero que para que funcionen necesita poner a prueba ciertos requerimientos, que hasta ahora me resultan imposibles de entender.

En resumen, creo que fueron cerca de 9 meses los que nos pasamos sin decir nada. Después de ese tiempo, las cosas mejoraron notablemente. Ahora hasta conversamos por móvil, cosa que hace un par de años parecía imposible. Lo mejor de todo es que no gastamos en las llamadas, porque nos metimos en esas promociones de habla lo que quieras por una recarga de unos cuantos soles, y la verdad es que no me arrepiento de haber elegido su número.

Ella es lo más cercano que tengo a una mejor amiga en estos momentos. Me causaría mucha tristeza si la conexión que tengo con ella se viera mermada bajo cualquier circunstancia. Si eso sucediese, los cinco años que la conozco no serían más que un recuerdo, y no quiero que eso suceda. No otra vez. No después de haberme acostumbrado a su manera de ser, a sus bromas, a sus momentos de seriedad –ja, ja, ja­–, a sus ideas e incoherencias, a sus “dos puntos aparte y comillas”, a sus locuras, porque aunque nunca lo acepte, ambos sabemos que está loca.

No sé si ella me considere tanto como yo. Es un hecho que me gustaría que sea así, pero eso no significa que me desespere por saberlo. Me basta con que me cuente lo que le pasa, y que escuche las cosas que yo le tenga que decir. O simplemente que me llame para pasar un momento agradable, como cuando dieron un concierto de Linkin Park (la banda que me dijo era su favorita, y mía también, el primer día que la conocí) por MTV y ambos nos llamamos al mismo tiempo para verlo juntos de alguna manera: ella desde su casa y yo desde la mía. Gestos como ése son los que me hacen tenerle tanto aprecio.

Y si en este primer lustro he sido capaz de ganar una amiga así, espero que ella, en los años que vienen, sepa que en mí puede ganar un amigo que, al menos, se acordará de que cada 31 de diciembre hay una fecha genial por recordar. ¡Feliz aniversario!

*Este post debió aparecer el 31 de diciembre de 2009, pero por razones que ni yo mismo me puedo explicar, recién aparece hoy. Con éste doy por finalizado el período de post atrasados. Espero no volver a tener inconvenientes parecidos en el futuro.

*Seguramente nunca leas este post, porque sé que nunca revisas mi blog. Es más, creo que ni sabes que tengo un blog. No importa, no pienso decírtelo, porque sé que igual no lo leerías, jajaja.

viernes 15 de enero de 2010

Resumen demorado de 2009

El 2009 me quedó corto. No sé si fue porque se pasó demasiado rápido, o es que yo estuve demasiado flojo y dejé que los días pasen sin hacer nada de lo que me había propuesto hacer para ese año. Seguramente la segunda opción es más cercana a la realidad, pero tampoco pretendo quedar tan mal, y por primera vez no me echaré la culpa de todo lo que me pasa.

Sin embargo, no me estoy quejando de nada, al contrario, creo que el año que acabamos de pasar ha sido, en su mayoría, bueno para mí. Aquí les dejo un breve resumen de mi 2009.

Como siempre, enero y febrero son los peores meses que pueden según mi punto de vista, y en el 2009 no fueron la excepción. El calor los hace absolutamente intolerables, y bien saben ustedes que el verano no es ni será mi estación favorita del año.

Aunque el sol siguió brillando –y sobre todo quemando– por muchos meses más, las cosas mejoraron rotundamente el mes siguiente, exactamente el 26 de marzo. ¿Por qué? Las casi 50 mil personas que estuvimos en el Estadio Nacional esa noche, coincidiremos en afirmar que fue la mejor de nuestras vidas. Bruce Dickinson y compañía tomaron Lima y nos regalaron un concierto memorable, y hasta ese momento inimaginable. Hay muchos, como yo, que hasta ahora no creemos lo que sucedió, que seguimos pensando que se trató de un sueño fabuloso, pero las fotos, los videos y la imagen del gran Eddie ante nuestros extasiados rostros nos confirman que todo fue real. Iron Maiden en Lima. Inigualable. Prometieron volver en dos años. Los esperamos el 2011, y para esa fecha, prometo estar en primera fila.

Durante los meses de abril y mayo hice las veces de Director de un diario. Mis compañeros de la universidad, que fueron los que estuvieron a mi cargo, cumplieron con su “labor” de distintas maneras: unos lo hicieron bien, otros mal, y otros realmente dieron pena. Yo me colocaría en el segundo grupo, porque considero que mi desempeño, si bien no fue el mejor, fue bastante aceptable para ser la primera vez que tenía a mi cargo algo tan grande, aunque se tratase de una simple tarea universitaria.

Junio empezó muy mal. Apenas en el quinto día del mes sucedió un lamentable suceso en la selva del Perú. El “Baguazo” significó la pérdida de alrededor de 30 vidas humanas, entre ellos policías, y de las que todo peruano debe sentirse responsable. ¿Es posible tener este tipo de enfrentamientos por temas enteramente políticos? Es más, ¿es justo que se acabe con la vida de cualquier persona bajo cualquier excusa? A mí no me parece, y juro que ese día me sentí realmente avergonzado. Peor cuando tuve que revisar las fotografías que llegaron a la revista en la que trabajo. Imágenes realmente desgarradoras. Habría que tener la sangre bien fría para no sentirse tocado por algo así.

Sin embargo, no todo fue malo en junio. Si me detengo a analizarlo un poquito, podría decir que fue uno de los meses más satisfactorios para mí. Como ya sabrán algunos que siguen este blog, desde diciembre del año pasado practicaba en el Archivo de una conocida revista, pero desde el 22 de junio empecé una nueva etapa en la misma revista. Fue un cambio de área que ya se había prolongado bastante tiempo, y del que ya había perdido todas las esperanzas de que se realice. Pero cuando por fin se dio me sentí un poquito, una cantidad casi imperceptible, más importante.

Otro de los hechos que ocurrió en junio y que significó un pequeño paso hacia adelante en mi vida, fue el de acabar la universidad. Ya escribí sobre este tema anteriormente, así que para no ser repetitivo, solo lo resaltaré como uno de los hechos que marcaron el año que se fue.

En julio empecé a acostumbrarme a las amanecidas de mi nuevo trabajo. Siempre me he sentido muy cómodo en las noches. Recuerdo que cuando aún estaba en el colegio soñaba con poder trabajar en las madrugadas, porque pensaba que sería genial trabajar sin que el sol esté afuera evaporizando las pocas neuronas que tengo. Julio, aparte de un tímido invierno, significó empezar a ver uno de mis tontos ideales cumplido. Como paréntesis les contaré que en este mes fui a mi primer paseo organizado por la gente de la revista. Fue una bonita experiencia y me permitió desempolvar un poquito mis escasas dotes de arquero. Increíblemente tapé aceptablemente bien aquel día.

No sé si todos sepan que mi cumpleaños es en agosto, en todo caso ya lo saben. Pero no por eso me gusta este mes, mas sí por las riquísimas lloviznas que cubren gran parte de sus días. Este año no hemos tenido un invierno claramente representado, pero al menos durante este mes nos libramos del sol algunas mañanas.

Una semana antes de mi cumpleaños hice mi primera gran adquisición con mi propio dinero. Seguramente después de conocer cuál fue esta “compra”, muchos pensarán que soy un inmaduro, o que soy un completo zonzo. La verdad es que no me importa, y lo digo bien clarito y si quieren pongan la frase en mayúsculas. Se trata de mi Play Station 2, cariñosamente conocida como “Sophie”. Gracias a ella he podido sobrevivir al aburrimiento.

Mi mamá regresó de viaje a inicios de agosto. Es genial tenerla a ella de nuevo. Es la persona con la que mejor me llevo en mi familia. Me atrevería a decir que es la única persona con la que puedo hacer cualquier estupidez sin que me quede mirando como a un bicho raro, porque sabe que su hijo puede ser completamente demente en algunas ocasiones.

Voy a ser absolutamente sincero y diré que guardo nada de setiembre. Quizás haya sido un mes fugaz, no lo sé, pero si miro octubre, claramente se vislumbra un hecho fortuito y feliz: El regreso de Dj Belly a la radio Doble Nueve. Fue el sábado 3 de octubre, pero tampoco escribiré más, porque ya lo he hecho antes.

¿Qué ocurrió en noviembre? Nada fuera de lo normal. Lo único quizás sobresaliente, pero muy mínimamente, es que volví a retomar la escritura de mi supuesta novela. A propósito, la he vuelto a dejar de lado, pero creo que pronto me pondré a escribir de nuevo. Al menos eso espero.

Finalmente diciembre, el mes de más acontecimientos según lo que me pasó a mí. Primero fue mi graduación. La más entusiasmada fue mi madre. Mi papá también, lo mismo que mi hermana. Debe de ser porque me quieren y fue solamente por ellos que tuve que asistir a esa ceremonia. Sin embargo, no voy a negar que fue algo emocionante estar ahí y recibir un cartón que espero tenga alguna importancia. Pero si hay algo que debo resaltar muy bien de diciembre, eso es, sin ninguna duda, el hecho de que por fin dejé de ser practicante. Me sentí mejor cuando me cambiaron de área. Hablar con el gerente y con el contador no fue nada fácil. Estuve muy nervioso al principio, pero al final todo resultó bien. Ahora me siento mucho más responsable de lo que sale en la revista, y por lo tanto, también me siento verdaderamente como parte de ese gran equipo.

Por último, el 31 de diciembre fue el quinto aniversario de una extraña amistad. Es raro que alguien ajeno a mi familia me soporte tanto tiempo, más aun cuando no todos han sido días muy fraternos que digamos entre ambos, sobre todo al principio, pero creo que con un poquito de comprensión y sin ninguna otra intención que la de intentar pasar un rato ameno, se puede lograr que un chispazo de amistad funcione.

Que a todos los lectores de este blog les vaya bien el 2010. Sé que debí haber escrito esto antes, pero más vale tarde que nunca. Además, como ya dije al principio, el 2009 se me pasó volando, por eso no alcancé a escribir todo esto a tiempo. Sí, sí, también fue la flojera, pero dejen que me crea alguien ocupado, ¿no?

*Un hecho muy significativo que no ha formado parte de este recuento fue el día de la desaparición de Briggite, mi fiel compañera. Para los que no saben, Briggite es el nombre de mi antigua reproductora Mp4, y fue raptada por un delincuente la mañana del 28 de octubre de 2009. Siempre la voy a tener presente, aun cuando ya le haya encontrado un reemplazo. Ahora que su gemela Caro Carolina ha tomado su lugar, juntos la recordaremos como la espontánea, locuaz y extremadamente sabia Brit. Que el maldito que se la llevó nunca encuentre el cable para cargarla.