–Hola.
–¿Hola?
–Hola, disculpa, pensarás que soy una especie de loca por hablarte así nada más, pero es que veo que estás leyendo Millennium y… bueno, me encanta ese libro.
–Ah… sí. En realidad, ya lo leí y… sí, me gustó un montón.
–¡Es fascinante! ¿Has leído la trilogía completa?
–Lamentablemente, no. Solo tengo “Los hombres que…”. Me lo regaló mi hermana hace poco, pero quiero comprarme los dos que faltan.
–Ay, igual yo. O sea, solo he leído ese. No me alcanzó el dinero para comprar los otros dos.
–Sí, pues. Están carísimos.
–Sí. Los venden pirateados, pero no quiero caer en la tentación… ja ja ja.
–Ja ja ja. Sí, pues. Yo tampoco. Pero imagino que el otro mes ya tendré el dinero necesario.
–Ay, no me digas eso que me da envidia.
–¿Por qué?
–Porque yo no sé si tendré plata, ja ja ja.
–Ah… bueno, yo tampoco. Solo lo decía por decir, ja ja ja.
–¡Qué vivo eres!
–¿Cómo?
–Ay, discúlpame, porfas.
–¿Qué cosa quieres que te disculpe?
–El haberte dicho eso, pues.
–¿Qué cosa, pues?
–¿”Qué vivo eres”?
–Ah… eso fue lo que dijiste…
–¿Qué? ¿No me habías escuchado?
–Sí. Sí te escuché, solo que no te había entendido.
–Ay, entonces no te hubiera dicho nada. ¡Qué torpe!
–Ah… sí.
–¿Qué? ¿Ahora tú me agredes?
–¡No! Nada que ver. Me refería a que sí, que era mejor que no me hubieras dicho nada.
–¿Seguro?
–Nunca confíes en un desconocido.
–¡Ah, qué chistoso!
–No, es que no nos conocemos, pues. Soy Jorge. Ahora sí puedes confiar en mí.
–Ja ja ja… yo soy Natali, y aún no estoy segura de que puedas confiar en mí.
–Ja ja ja. Bueno, no importa, intentaré ganarme tu confianza hasta bajar del carro.
–A ver si puedes…
–¿Me estás retando?
–No sé.
–¿En qué momento esta conversación se convirtió en un desafío?
–No sé, pero creo que tú tienes la culpa, ja ja ja.
–¿Yo? ¿Qué fue lo que hice?
–No sé. Nada, seguro. Estoy loca. ¿Dónde vives?
–No le voy a decir adónde vivo a una loca, y que conste que tú misma lo has dicho.
–Ay, ya pues. ¡Qué pesado! ¿Así eres siempre?
–Siempre que me lo permiten, sí.
–Pero yo no te lo permito.
–Si no me lo permitieras, no te reirías.
–Ay, ¡qué espeso! Todas te las sabes, ¿no?
–No. En realidad sé muy pocas cosas. No sé dónde vives, ni qué edad tienes, ni qué haces, ni nada de ti; excepto tu nombre y que te gusta Millennium.
–Bueno tienes razón, pero yo tampoco sé más de ti.
–Dime dónde vives o tu edad primero, y luego yo te diré lo mismo.
–¿Y por qué no es al revés: tú primero y yo después?
–Porque yo ya te dije que puedes confiar en mí, en cambio tú no me has dicho eso.
–¡Ay, qué vivo! –perdona–. Está bien, ya puedes confiar en mí.
–¿Me gané tu confianza?
–Alégrate, que sí.
–¡Misión cumplida!, entonces.
–Ya, ya. Apúrate, dime dónde vives antes de que me arrepienta, ja ja ja.
–Ja ja ja… bueno vivo bien lejos. En Ventanilla. ¿Tú?
–Asu… ¿en Ventanilla? ¿Y qué haces por acá?
–Nada… voy a encontrarme con una amiga. Justamente para prestarle el libro.
–¿Tu amiga o tu novia?
–Ja ja ja… he dicho AMIGA. Ahora dime dónde vives, o mejor dime cuántos años tienes.
–Te responderé las dos preguntas, “chico que tiene AMIGA”. Vivo en Pueblo Libre y tengo 21, ¿tú?
–Uno más que tú.
–Pareces de 20.
–Y tú pareces de 21.
–Ay, gracias.
–De nada.
–¡Qué chistoso!
–No soy chistoso. Solo he dicho que pareces de tu misma edad. Nada más. No lo he dicho por molestarte.
–¿Sí, no?
–Sí. ¡De verdad!
–Ya, bueno. Mejor cuéntame de tu novia.
–Que no tengo novia.
–Ay, ya. Entonces de tu AMIGA.
–En primer lugar, no es mi “AMIGA”. En segundo lugar, no voy a hablar de alguien que no está. Y por último, ya voy a bajar.
–¿Bajas en el Jockey? Si es así, yo también bajo allí.
–Sí. Voy a bajar allí, pero no creo que sea buena idea que bajemos juntos. Ya te dije, no voy a estar solo.
–¿Y quién dice que voy a irme contigo?
–No sé. Pensé que querías seguir con esta extraña conversación.
–Sí, es verdad. Sí quería, pero tú no quieres y yo no te voy a rogar. Además, yo me voy a encontrar con una amiga, también.
–Bueno, entonces, chau.
–¿Chau?
–Sí, chau.
–¿Y qué pasó con la tecnología?
–¿Tecnología? No te entiendo.
–Celular, mail, facebook… ¿nada?
–¿Me vas a dar tu número? –bajo en el Jockey.
–Pensé que me lo ibas a preguntar. Además que así me podrías llamar cuando tengas la segunda parte de Millennium.
–¡Verdad! Había olvidado que fue Lisbeth Salander la que hizo que nos habláramos.
–Si no hubieras tenido ese libro en la mano, esta chica tan bonita ni te hubiese mirado.
–¿Quieres decir que te has rebajado a hablar conmigo solo por un libro? No te creo nada.
–Es verdad, no estoy bromeando.
–Entonces, chau.
–Mentira, ¿cómo crees? Ya puedes confiar en mí, ahora sí.
–No quiero confiar en ti… todavía.
–Ay, ya pues. Y te digo un secreto.
–¿Qué secreto?
–¿Vas a confiar en mí?
–Dime qué secreto… ¿tengo algo en la ropa?
–¡No!
–Entonces, dime qué secreto.
–No hay trato.
–No me dejes con la intriga. ¡Dime qué secreto!
–Solo si me dices que confías en mí.
–Vale.
–Dilo: “Confío en ti, Natita linda”.
–Ja… no voy a decir eso.
–Ja ja ja. Quería ver cómo reaccionabas…
–¿Y reaccioné bien?
–Sí. Creo que sí.
–Ahora dime el secreto.
jueves 4 de febrero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)




2 Nobles Miradas Externas:
Que sick.. xD el día que me apse algo así pucha será un día muy muy raro.. xD osea, para empezar no suelo leer algo en el carro, a menos que sea mis apuntes de lectura de cartas o mi libro de lectura del rostro.. whatever, no creo que me pase algo así, aunque pensándolo bien, recuerdo que la abuela de mi amiga (la abuela está muerte) me dijo que iba a conocer una chica en un bus.. ese día me acordaré de esta conversa a aver si funciona.. xD jaajjaja suerte con las otras partes..!! xD
Que tal man, no puede ser que una conversa así sea posible, es re alucinante. A mi me han hecho el habla dos veces, peor ninguna tan alucinante como esa. xD pero te juro que si me encuentro en la misma situación otra vez me acordaré de esta conversa y la pondré en práctica.. xD
un abrazo y pásate por mi blog, porfas... xD
Publicar un comentario en la entrada