Desde muy temprana edad me di cuenta de que yo no era una persona atractiva. Sabía que se me iba a hacer muy difícil conseguir que alguien se fijara en mí. Felizmente no todos nos dejamos llevar por el físico, y afortunadamente existen otras maneras de conseguir la atención de alguien que nos gusta, por ejemplo mediante nuestra voz, o simplemente por el uso de nuestras palabras; aunque lamentablemente para mí, estas tampoco sean las mejores características que me podrían definir.
Gracias a mi voz he tenido que renunciar a uno de mis sueños: el de ser locutor de radio. Recuerdo que cuando tenía 14 años solía inventar una especie de cabina en mi cuarto y me ponía a decir un montón de palabras sin sentido, intercalándolas con la música de mi precaria colección de Cd’s. Era divertido alucinar así, aunque rápidamente caía en la cuenta de que mi voz no sería, ni por asomo, la favorita de los oyentes.
Por eso que pasados los días, preferí simplemente sentarme a escuchar a mi Dj favorita de mi emisora preferida: Dj Belly (“con B de Belísima”) de Radio Doble Nueve.
“¿Qué tal amigos? Soy Belly y los estaré acompañando hasta la una de la tarde aquí en la Radio Rock en Lima, Doble Nueve…”, era lo que decía Belly todos los días al iniciar su programa. Me gustaba esa manera tan simple que tenía de dirigirse a todos los que la escuchábamos. Me hubiera gustado muchísimo haberla podido oír desde sus inicios en la radio, pero fue recién a inicios de este nuevo siglo que pude conocer su bella y armoniosa voz, así como su sencillez para transmitir lo justo y necesario para lograr cautivar a sus seguidores.
El programa de Belly se transmitía durante la semana en el horario de las mañanas. Mi condición de alumno de 2º año de secundaria solo me permitía escucharla los sábados, justo cuando ella se encargaba de elaborar “El Ranking de Doble Nueve: Las Más tocadas”, o “las más hot de la semana”, como ella solía llamar a las canciones que ocupaban los diez primeros lugares de la votación. No me perdía ni un solo ranking porque sabía que era mi única oportunidad de escucharla. Aparte que la música que pasaba era la que a mí más me gustaba.
El resto de la programación de la radio también la escuchaba, pero sin la misma religiosidad con que seguía a Belly. Creo que gracias a ella mi cultura musical empezó a enriquecerse un poco, siempre en el ámbito del rock. Ya no solo escuchaba punk, o alternative, sino que empecé a abrir mis oídos al pop-rock británico, indie, post hardcore, etc.
De un momento a otro empecé a ser más tolerante con los gustos de los demás. Sentía que el rock era tan sustancial en todas sus formas, que terminé aceptándolas a casi todas, porque eso sí, nunca pude con el hip-hop. Felizmente Belly no solía pasar ese tipo de música en su programa.
Creo que las mañanas más felices que he pasado en mi vida han sido las de mis vacaciones de 2º, 3º, 4º y 5º de secundaria. Al igual que cuando terminé, por fin, el colegio. Mientras “estudiaba” para postular a la universidad, era la voz de Belly la que me acompañaba. Escucharla me hacía pensar en lo más bello del mundo. Yo estaba perdidamente enamorado de la voz de Belly, tanto así que logré que mi madre también le adquiriera cierto cariño a mi Dj favorita.
Enamorarse platónicamente es lo más dulce que le puede suceder a alguien. A Belly yo la tenía en un altar imaginario, y su voz era como La Palabra Sagrada. No sé si lo que acabo de decir sea parte de un síntoma enfermizo, pero de verdad lo sentía así.
Sin embargo, un día del año 2004, Belly dijo “Arrivederci” por última vez. Los Dj’s que la reemplazaron en su horario habitual –entre ellos el conocido Edu Saetone–, decían que ella no había podido asistir por diferentes motivos. Pero nunca nadie dijo que Belly –la voz de Belly– se había ido, quizás, para siempre.
En esos días yo entré en una ligera depresión. Era como si una novia me hubiera dejado (en realidad, hasta esa época, nunca había estado con una chica, por lo que digamos que Belly fue la primera enamorada que tuve, y la primera que me dejó, también). Mi madre trataba de consolarme diciéndome que tal vez estaba de vacaciones, que regresaría en un par de meses, pero los días, semanas, meses y años pasaron, y Belly no regresaba.
Como todo enamorado despechado, decidí no volver a escuchar Doble Nueve –a excepción del ranking anual, para enterarme de cuáles eran las canciones del año, aunque ya no estuvieran enumeradas por la voz de Belly–, por lo que decidí refugiarme en mis Cd’s y en algunos casetes en los que había grabado música, y en los que la voz de Belly se había inmiscuido graciosamente.
Es cierto que hubo días en los que caí en la tentación de escuchar la radio en las mañanas, pero nunca más volví a escuchar la voz de Belly en mis esperanzadoras búsquedas matutinas. La perdí para siempre, pensaba. Hasta que…
Luego de cinco largos años, cuando hablar de Belly sonaba a prehistoria, decidí darle una nueva oportunidad a Doble Nueve, aunque la música que pasaba ya no era la misma que a mí me gustaba –al menos eso era lo que había notado en las pocas veces que sintonicé la radio por mera casualidad–. Un sábado mientras el reloj marcaba casi las nueve de la noche y no tenía muchas cosas que hacer en mi trabajo, encendí mi Mp4. Las más de 700 canciones allí almacenadas ya me habían cansado. Tenía ganas de escuchar algo nuevo y fue allí que me acordé de mi antigua radio preferida.
No voy a negar que la decisión de sintonizar Doble Nueve aquella noche fue difícil. Pensé mucho antes de hacerlo. No quería toparme con música no apta para mis oídos. Cuando pulsaba con la yema de mis dedos los botones de mi Mp4 sentía que me iba a arrepentir, pero apenas logré escuchar con nitidez lo que la emisora transmitía, no dudé en quedarme a oír la programación ni un segundo. Era la música que me gustaba. La de inicios del nuevo siglo. Esta música me trajo inconscientemente la voz de Belly a mis oídos. “En Doble Nueve estábamos escuchando a Strokes, con Reptilia. Más antes era Placebo, y comenzábamos el set con un recuerdo de los noventas a cargo de Stone Temple Pilots. Ya saben, están con Belly. Sí, he vuelto, después de 5 años de ausencia, y desde hoy, 3 de octubre, los estaré acompañando todos los sábados a partir de las 7 de la noche, hasta las diez…”.
Era cierto… No era mi inconsciente el que hacía hablar a Belly. Era ella, su voz, la que había dicho todo eso. Simplemente no lo podía creer. Belly había vuelto y justo el día que regresaba, yo tenía la indescriptible ocasión de escucharla. No tenía ningún espejo enfrente pero sabía que en mi rostro se había dibujado una enorme sonrisa, como cuando una novia regresa, aunque tampoco nunca haya vivido esa experiencia.
Gracias a mi voz he tenido que renunciar a uno de mis sueños: el de ser locutor de radio. Recuerdo que cuando tenía 14 años solía inventar una especie de cabina en mi cuarto y me ponía a decir un montón de palabras sin sentido, intercalándolas con la música de mi precaria colección de Cd’s. Era divertido alucinar así, aunque rápidamente caía en la cuenta de que mi voz no sería, ni por asomo, la favorita de los oyentes.
Por eso que pasados los días, preferí simplemente sentarme a escuchar a mi Dj favorita de mi emisora preferida: Dj Belly (“con B de Belísima”) de Radio Doble Nueve.
“¿Qué tal amigos? Soy Belly y los estaré acompañando hasta la una de la tarde aquí en la Radio Rock en Lima, Doble Nueve…”, era lo que decía Belly todos los días al iniciar su programa. Me gustaba esa manera tan simple que tenía de dirigirse a todos los que la escuchábamos. Me hubiera gustado muchísimo haberla podido oír desde sus inicios en la radio, pero fue recién a inicios de este nuevo siglo que pude conocer su bella y armoniosa voz, así como su sencillez para transmitir lo justo y necesario para lograr cautivar a sus seguidores.
El programa de Belly se transmitía durante la semana en el horario de las mañanas. Mi condición de alumno de 2º año de secundaria solo me permitía escucharla los sábados, justo cuando ella se encargaba de elaborar “El Ranking de Doble Nueve: Las Más tocadas”, o “las más hot de la semana”, como ella solía llamar a las canciones que ocupaban los diez primeros lugares de la votación. No me perdía ni un solo ranking porque sabía que era mi única oportunidad de escucharla. Aparte que la música que pasaba era la que a mí más me gustaba.
El resto de la programación de la radio también la escuchaba, pero sin la misma religiosidad con que seguía a Belly. Creo que gracias a ella mi cultura musical empezó a enriquecerse un poco, siempre en el ámbito del rock. Ya no solo escuchaba punk, o alternative, sino que empecé a abrir mis oídos al pop-rock británico, indie, post hardcore, etc.
De un momento a otro empecé a ser más tolerante con los gustos de los demás. Sentía que el rock era tan sustancial en todas sus formas, que terminé aceptándolas a casi todas, porque eso sí, nunca pude con el hip-hop. Felizmente Belly no solía pasar ese tipo de música en su programa.
Creo que las mañanas más felices que he pasado en mi vida han sido las de mis vacaciones de 2º, 3º, 4º y 5º de secundaria. Al igual que cuando terminé, por fin, el colegio. Mientras “estudiaba” para postular a la universidad, era la voz de Belly la que me acompañaba. Escucharla me hacía pensar en lo más bello del mundo. Yo estaba perdidamente enamorado de la voz de Belly, tanto así que logré que mi madre también le adquiriera cierto cariño a mi Dj favorita.
Enamorarse platónicamente es lo más dulce que le puede suceder a alguien. A Belly yo la tenía en un altar imaginario, y su voz era como La Palabra Sagrada. No sé si lo que acabo de decir sea parte de un síntoma enfermizo, pero de verdad lo sentía así.
Sin embargo, un día del año 2004, Belly dijo “Arrivederci” por última vez. Los Dj’s que la reemplazaron en su horario habitual –entre ellos el conocido Edu Saetone–, decían que ella no había podido asistir por diferentes motivos. Pero nunca nadie dijo que Belly –la voz de Belly– se había ido, quizás, para siempre.
En esos días yo entré en una ligera depresión. Era como si una novia me hubiera dejado (en realidad, hasta esa época, nunca había estado con una chica, por lo que digamos que Belly fue la primera enamorada que tuve, y la primera que me dejó, también). Mi madre trataba de consolarme diciéndome que tal vez estaba de vacaciones, que regresaría en un par de meses, pero los días, semanas, meses y años pasaron, y Belly no regresaba.
Como todo enamorado despechado, decidí no volver a escuchar Doble Nueve –a excepción del ranking anual, para enterarme de cuáles eran las canciones del año, aunque ya no estuvieran enumeradas por la voz de Belly–, por lo que decidí refugiarme en mis Cd’s y en algunos casetes en los que había grabado música, y en los que la voz de Belly se había inmiscuido graciosamente.
Es cierto que hubo días en los que caí en la tentación de escuchar la radio en las mañanas, pero nunca más volví a escuchar la voz de Belly en mis esperanzadoras búsquedas matutinas. La perdí para siempre, pensaba. Hasta que…
Luego de cinco largos años, cuando hablar de Belly sonaba a prehistoria, decidí darle una nueva oportunidad a Doble Nueve, aunque la música que pasaba ya no era la misma que a mí me gustaba –al menos eso era lo que había notado en las pocas veces que sintonicé la radio por mera casualidad–. Un sábado mientras el reloj marcaba casi las nueve de la noche y no tenía muchas cosas que hacer en mi trabajo, encendí mi Mp4. Las más de 700 canciones allí almacenadas ya me habían cansado. Tenía ganas de escuchar algo nuevo y fue allí que me acordé de mi antigua radio preferida.
No voy a negar que la decisión de sintonizar Doble Nueve aquella noche fue difícil. Pensé mucho antes de hacerlo. No quería toparme con música no apta para mis oídos. Cuando pulsaba con la yema de mis dedos los botones de mi Mp4 sentía que me iba a arrepentir, pero apenas logré escuchar con nitidez lo que la emisora transmitía, no dudé en quedarme a oír la programación ni un segundo. Era la música que me gustaba. La de inicios del nuevo siglo. Esta música me trajo inconscientemente la voz de Belly a mis oídos. “En Doble Nueve estábamos escuchando a Strokes, con Reptilia. Más antes era Placebo, y comenzábamos el set con un recuerdo de los noventas a cargo de Stone Temple Pilots. Ya saben, están con Belly. Sí, he vuelto, después de 5 años de ausencia, y desde hoy, 3 de octubre, los estaré acompañando todos los sábados a partir de las 7 de la noche, hasta las diez…”.
Era cierto… No era mi inconsciente el que hacía hablar a Belly. Era ella, su voz, la que había dicho todo eso. Simplemente no lo podía creer. Belly había vuelto y justo el día que regresaba, yo tenía la indescriptible ocasión de escucharla. No tenía ningún espejo enfrente pero sabía que en mi rostro se había dibujado una enorme sonrisa, como cuando una novia regresa, aunque tampoco nunca haya vivido esa experiencia.



