Hace poco el reloj marcó la una de la mañana, pero ya desde antes tenía todo listo para empezar una nueva aventura en Blogger. No sé si alguien llegue a leer esto, pero en todo caso, he vuelto, como lo prometí, para decirle a quien sea que se encuentre del otro lado que mi nuevo blog está listo.
Sobre su temática, les pues decir que trata sobre las cosas que se me ocurre escribir en un día en el que ojalá haya llovido, o, si llovió, las cosas que ojalá también hubieran pasado en un día así.
Sin más que eso, aquí el link de mi nuevo blog:
Ese día debió llover
domingo 26 de junio de 2011
sábado 26 de marzo de 2011
Fin del camino

Desde que era niño, los sábados fueron mis días favoritos. Tal vez por el hecho de ser el primer día del fin de semana en los que no tenía nada que hacer. Salía a jugar con mis amigos, iba a visitar a algún familiar, o simplemente me quedaba en casa jugando solo o con mi hermana. Luego, cuando dejé de ser un niño, digamos que en la adolescencia, los sábados me gustaban porque eran los únicos días donde no me sentía obligado a nada. Ustedes dirán que los domingos también, pero no. Lo que sucede con los domingos es que nunca me han gustado, y por más que no tenga ninguna obligación, el solo hecho de saber que es domingo ya me aburría, hasta ahora. Quizás el día que le encuentre alguna actividad a este día lo disfrutaré.
Volviendo a los sábados, ya en mis días de universidad, significaban olvidarme de todo lo que me habría podido pasar en la semana y solo tirarme en mi cama, ordenar las cosas de mi cuarto, escuchar música, estar solo en casa, y disfrutar de ese día. El domingo lo utilizaría para las tareas (cuando las hacía) y para volver a acordarme de todo y renegar si es que era necesario.
Pero siempre quise salvar a los sábados de esa carga. Incluso cuando empecé a trabajar y los sábados habían dejado de ser un día libre. Me gustaba ir a trabajar los sábados, no sé por qué. Me parecían días tranquilos, donde nada podía salirme mal. Sábado, para mí, era sinónimo de felicidad, o algo así.
Ahora, esa situación ha cambiado un poco, no del todo, pero ha cambiado. Les explico: Algunos de ustedes sabrán que hace mucho que no estaba con alguien. Es decir, hace bastante tiempo que no tenía a una chica a la cual decirle y demostrarle que la quiero, y viceversa, o sea, que ella me diga y demuestre lo mismo. Bueno, ¿y eso qué tiene que ver? Que antes de estar con ella, los sábados se habían vuelto demasiado rutinarios, como un lunes, martes, o jueves cualquiera. No llegaban al extremo de ser como los domingos, pero no les miento si les digo que estuvieron cerca. Por eso, cuando la conocí y estuve con ella, tuve la esperanza de que los sábados volvieran a tomar el color de antes. De hecho, lo volvieron a tener, no en la misma medida, pero sí dejaron de ser los sábados de unos días atrás.
El problema, si se le puede llamar problema, apareció cuando supe que a ella no le gustaban los sábados como a mí. Ella prefiere otros días, otros a los que yo nunca antes les había prestado mucha atención. Sin embargo, en estos momentos, los sábados parecen ser los únicos días fijos en que la voy a ver (hoy casi no sucede, pero felizmente sí pude estar con ella), aunque no siempre sean perfectos por algunos motivos. Por eso digo que, para mí, los sábados han cambiado un poco y no del todo. Porque siguen siendo días que espero, pero no son días que puedo disfrutar siempre.
Hoy es sábado, exactamente las 9.17 p.m. según el reloj de la parte baja de la pantalla, y estoy solo. No voy a decir aburrido porque, la verdad, no lo estoy. Es más, podría decir que la estoy pasando relativamente bien: Estoy escuchando a mi dj favorita por la radio, toda mi familia se ha ido y no regresará hasta mañana, en la tarde estuve con Ella y creo que fue uno de los mejores sábados que hemos pasado, he comido por partida triple uno de mis platos favoritos y estoy haciendo una de las cosas que había estado posponiendo desde hace tanto tiempo: El final de las Nobles Miradas Retrospectivas.
Es cierto, esto último no es algo que me haga sentir feliz, al contrario, pero creo que no hay día más propicio para hacerlo que hoy, sábado, mi día favorito, a pesar de todo.
La última Noble Mirada Retrospectiva, sin embargo, no tiene que reflejar tristeza. Al menos es lo que pienso. Exactamente sobre qué escribiré en los próximos minutos, es algo que no sé. Y quizás eso sea lo que me divierta en estos momentos. Hacía mucho tiempo que no me ponía a escribir lo primero que se cruza por mi mente. Es decir, tengo el tema: "La última Noble Mirada Retrospectiva", pero no sé qué voy a terminar diciendo.
Lo primero que se me ocurre es agradecerle a quien sea que se haya tomado el trabajo de leer todas, algunas, una o ninguna de las entradas que he publicado aquí. Pero, de existir alguien que haya leído todo, pues que me lo diga, buscaré la forma de recompensar ese esfuerzo. Se me ocurren muchas cosas, pero mejor no me ilusiono con entregar premios que quizás nadie merezca, y no lo digo porque no sean dignos de recibirlos, sino porque en realidad nadie ha leído todo lo que he escrito.
Y así como agradezco a quienes han pasado fugazmente por aquí, cómo no hacerlo con las personas que han dejado sus comentarios. Ya les he dicho que soy muy flojo para dejar comentarios, por eso aprecio mucho a la gente que lo hace con las cosas que escribo. Sobre todo a aquellas que sin conocerme y sin que yo sepa cómo han llegado hasta aquí, se dieron el tiempo de crear una especie de 'feedback'.
Por otro lado, también se me ocurre que a pesar de que este blog se ha tratado de cosas personales, aún hay mucho que no conocen de mí. Una vez, conversando con Ella, le dije que casi todas las personas podrían hablar de sí mismas por horas, pero que si lo hicieran, estarían cayendo en la odiosa egolatría. No voy a negar que me gusta hablar de las cosas que hago, pero eso sí, solo hablo de eso con las personas que me lo preguntan o que muestran al menos un mínimo de interés. Y lo hago porque creo que es la mejor manera de ser sincero, que me conozcan como soy en realidad, que sepan todo de mí, aunque esto recién lo haya descubierto hace no mucho tiempo.
En caso de que quieran saber algo de mí, pues lean este párrafo. De lo contrario, pues pasen al siguiente. Aparte de saber mi nombre, mi signo, los libros que me gustan (lista desactualizada, por cierto) y demás cosas que aparecen en los datos de Blogger, les contaré que me gustan los chocolates. ¿Mi favorito? No lo sé, creo que siempre encuentro uno más rico que el otro y así sucesivamente. Los helados me encantan, de chocolate, obviamente. Detesto el agua sola, no me gusta para nada. La he tomado, sí, pero solo porque me moría de sed y no había otra cosa que me sacie. Por eso extraño tanto la 'Dasani limón sin gas'. Lástima que su tiempo de vida fue tan corto. No me importaba morirme si la consumía porque, sencillamente, era deliciosa. Aún guardo un par de botellas como adorno en mi cuarto, lo que me recuerda que soy bastante 'cachibachero', como me llama mi madre por todas las cosas que guardo. Mi cuarto está infestado de etiquetas, papeles, y miles de cosas viejas o sin sentido que he guardado porque, simplemente, no suelo desprenderme de las cosas de manera fácil. Me gustan los juguetes. Tengo una 'colección' de autos a escala, que si bien no valen mucho (son los de las diferentes campañas de 'El Comercio'), para mí son tan valiosos como las de un coleccionista de verdad. Los limpio frecuentemente. Aún no les he comprado su repisa, pero algún día lo haré. Lo que pasa es que con el dinero que gano no me alcanza para muchas cosas, y además, tengo una fuerte cuenta que pagar, porque hace poco decidí comprarme un carro de verdad. Nada del otro mundo, por cierto: Un escarabajo. Siempre me ha gustado ese auto. A Ella le he dicho que me gusta porque parece que ese auto estuviera feliz y su alegría me contagia, lo cual es muy cierto. Cambiando de tema, aunque quizás tenga algo que ver, desde que era niño, hasta ahora, sueño con ser un payaso. Me gustaría ser capaz de hacer reír a la mayor cantidad de personas posible. Muchos pensarán que eso es algo que lo puedo lograr sin la necesidad de pintarme la cara exageradamente, pero lo malo es que tengo tan mala fama en cuestiones de simpatía, que ya nadie me creería, y por eso solo podría hacerlo con un colorido traje y con el rostro cubierto de maquillaje. Eso no quiere decir que tenga inclinaciones homosexuales, aunque eso es algo que alguna o mucha gente piensa. Diría que soy perfeccionista, pero muy flojo. Es decir, me gustan las cosas perfectas, pero tampoco es que me esfuerce mucho por lograrlas. Eso es algo que no me gusta de mí, por ejemplo, porque a veces llego al extremo de terminar siendo mediocre, aunque suene contradictorio. Otro de mis defectos, aunque no lo es tanto, no lo sé, es que soy un falso mentiroso. ¿Qué significa eso? Pues que me gusta decir mentiras de la manera más sincera, es decir, miento y digo que estoy mintiendo. ¿Por qué lo hago? Porque me gusta inventar historias con las que entretener a alguien, o porque simplemente no tengo nada que decir y me siento en la obligación de contar algo. Pero recuerden, siempre digo que estoy mintiendo. Mi amiga Li5 dice que mis mentiras son de "chiquito de inicial". No me gusta tomar pastillas, ni ningún medicamento cuando me enfermo. Mi lema es "si me enfermé solo, me curaré solo". Lógicamente, es un lema zonzo, pero algunas veces me ha resultado. Pasando a otro tema, cuando me enamoro, intento dar lo mejor de mí, aunque a veces mi timidez me reprima. Sé que poco a poco estoy mejorando en ese aspecto, pero también soy consciente de que me falta mucho por superar. Felizmente, Ella parece entenderme. Por último, en cuestión de regalos, me gustan mucho las cosas hechas por las propias personas. No importa si es un dibujo, una frase en un papel, o cualquier cosa que a simple vista pueda parecer insignificante. A mí, por ejemplo, me gusta hacer ese tipo de regalos, aunque siempre diga que no me salieron bien y cosas así. Disfruto haciéndolos cada vez que tengo tiempo, y eso sí, solo se los hago a la personas que me importan mucho.
Los que decidieron pasar de frente a este párrafo, pues no se perdieron de nada interesante. Los que sí lo leyeron, espero no haberlos decepcionado. Otra cosa que se me ocurre escribir en esta última Noble Mirada Retrospectiva, es que les quería comunicar que desde hace algunos meses iba a iniciar un blog sobre tenis. Bueno, decir eso es muy general, en realidad, el blog que tenía pensado crear (aunque ya está creado, solo que no tiene nada) es sobre Caroline Wozniacki. ¿Quién es ella? No creo que sea necesario decirlo, pero en caso no la conozcan, pueden poner en Google su nombre, o esperar a que me decida empezar a alimentar el blog que he preparado para ella. Cosa que no sé si suceda pronto, pero que alguna vez, de todas maneras, haré.
Ya ha pasado más de una hora que estoy escribiendo esto. El reloj me dice que son las 10:28 p.m. El programa de radio de DJ Belly ya terminó hace 28 minutos. En estos momentos no escucho nada, pero les podría contar que hoy ha sido el día "Mayonaise". ¿Qué quiere decir eso? Nada en especial, simplemente se me ocurrió escuchar durante todo el rato que estuve con Caro Carolina (mp4) ese tema de The Smashing Pumpkins.
Hace unos dos minutos entró Ella al messenger. Felizmente seguía escribiendo esto, porque si lo hubiera terminado, seguramente ya me hubiera ido a dormir o a jugar con Sophie (PlayStation), o a hacer cualquier otra cosa menos estar aquí escribiendo. Bueno... no sé si me queden muchas cosas por decir. En realidad, me parece ya haber escrito demasiado. En todo caso, me gustaría decir un par de cosas más.
A lo largo de todo este tiempo y de cada una de las entradas que he puesto en este blog, me he podido dar cuenta de lo maravilloso que es este mundo de los blogs. No suelo leer muchos, pero pienso que cada persona tiene algo que decir, y que en algún momento nos vamos a sentir identificados con cada una de sus experiencias. Eso en cuanto a los blogs de corte personal, y en el caso de aquellos que tratan sobre temas más educativos, profesionales, etc., pues es genial que de una manera tan fácil se pueda compartir tantos conocimientos. Todos ustedes saben que odio Twitter, Facebook y afines, pero los blogs no. Por más tontos que parezcan alguna veces (como el mío), tengo la impresión que lo que sea que se dice queda mejor registrado y que no pasa tan rápido. Al final, son como un libro, una 'bitácora', o como quieran llamarlos.
Finalmente, gracias de nuevo por haberme acompañado, de alguna manera, en las Nobles Miradas Retrospectivas. Pronto tendré un blog nuevo, así que a los interesados, pues les digo que apenas lo tenga colocaré el enlace aquí mismo. "Nobles Miradas Retrospectivas" seguirá hasta que Blogger lo decida. Yo no lo borraré. Hay tantas entradas que nunca fueron publicadas, pero supongo que por algo no salieron por aquí. Si Ella, o sea tú, M, estás leyendo esto, pues déjame decirte que este blog, como ya sabes muy bien, es muy importante para mí, porque gracias a lo que puse hace poco más de tres meses, después de leer lo que tú me escribiste, es que estamos juntos ahora, ¿no? No sé si haya tenido el valor de haber sido más directo, y por eso es que le debo tanto a este blog. Te quiero mucho más de lo que imaginas, y eso también lo sabes. Eso es todo.
Post datas:
- Los dejo con la canción que me ha acompañado la mayor parte de este día.
- En un principio tuve la idea de compartirles una lista de mis canciones favoritas (algo así como un top100), pero al final se me olvidó y recién me acuerdo, por lo que solo les diré que últimamente no dejo de escuchar The Libertines, The Fratellis, The Strokes, Phoenix, The Hussy's y Neon Trees. Lógicamente escucho otras bandas no tan 'indies', o como quieran llamarlas, pero en estos días estoy con esa onda.
- Fin.
lunes 7 de febrero de 2011
Te llamaré M
El sábado fue un día extraño. Ella se fue antes de tiempo y desde ahí, empecé a hablar conmigo mismo hasta que llegó la noche. Intenté dibujarla en mi mente para sentir que estaba ahí, y decidí no llamarla por su nombre, sino solo por su inicial. Así fue como nació esto que le escribí, ya en la noche de ese sábado, mientras la seguía esperando, ya en vano, a que apareciera. Y aunque no lo hizo, yo siento que estuvo ahí y pudo dictarme cada una de las palabras que componen esta especie de canción sin música. Te quiero mucho, M.
Te llamaré M, porque estás en el Misterio
en ese espacio que me gusta
que me atrae, me provoca, me cautiva
como el beso de tu boca
el enigma de tus labios
la calidez de tu abrazo
el sabor de tus mejillas.
Te llamaré M por ser Maravillosa
tierna loca encantadora
que da vida, gracia y me fascina
con sus juegos a ser buena
buena y mala y viceversa
dulce sí, perversa
descubridora de mentiras.
Te llamaré M por lo Mucho que te quiero
por tus dudas defensivas
por tu nombre, misterio, maravilla
por tus manos en las mías
por la Luna que hoy no está
por el cielo en que se oculta
por ser mi propia Luna
a cualquier hora del día.
miércoles 12 de enero de 2011
The shame of my youth
Esta tarde, en una de las tantas pero pequeñas conversaciones que comúnmente tengo con mi enamorada, y en las que termino diciendo muchas cosas de las cuales no termino estando muy seguro de querer contar, pero que forman parte de mi vida, ella dijo algo que me llamó la atención, y no por lo que decía de manera literal, sino de lo que encerraba dentro de esas palabras que casi como un susurro salieron de su boca: Me arrepiento de haberte contado eso.
Bien, ustedes no saben ni nunca sabrán a qué se refería ella con "eso", pero les puedo decir que está muy lejos de lo que ustedes imaginan. Cuando ella dijo "eso" estaba haciendo mención a algo que me contó hace unos días. Una de esas cosas que forman parte de un pasado del que no estamos muy orgullosos, pero que cuando las recordamos nos pueden hacer sonreír. Al menos es lo que creo yo.
Lo que sucede es que, desde que ella me contó "eso", yo le empecé a dar rienda suelta a mi 'habilidad' para la 'burla'. Pero no una burla vulgar, hiriente, o degradante, sino más bien que sea capaz de hacerla reír, de decirle entrelíneas que "eso" que ella hizo me parece gracioso y que lo recuerdo muchas veces porque quiero reírme junto con ella de algo que le sucedió, así como cuando también busco hacerla reír contándole las mil y una anécdotas "vergonzosas" de las que he sido protagonista, y que trato de contarle casi diariamente.
En fin, lo cierto es que al parecer a ella no le agrada mucho la idea, y desde hoy he decidido no volver a hacerle esa broma. Con esto que estoy contando, no pretendo hacerla quedar como una persona que no aguanta bromas, sino más bien, que me parece una persona genial al contarme ese tipo de cosas de su "oscuro pasado", como yo le llamo, y que le agradezco esa confianza, que, de hecho, es recíproca.
Ahora, ¿a qué viene todo lo que escribí antes de esta línea?, pues a que mediante este blog, en el que también he compartido algunas cosas que quizás debí guardar solo para mí, he pensado en contarles algo de mi propio "oscuro pasado", y que forman parte de las cosas que más me avergüenzan.
Empezaré por la que vino primero a mi mente mientras iba en el carro de regreso a mi casa pensando en este tema: Cuando era un púber, me gustaban las canciones de Britney Spears.
Sí, aunque no lo crean, o quizás sí, no lo sé, me sabía todas las canciones de sus discos primero y segundo. Hasta me llegué a comprar unos cuantos stickers, y un par de pósters que aún debo tener por ahí, aunque ahora ya no adornando la pared de mi cuarto, sino más bien protegiendo mis zapatos de la humedad del piso.
Otra de las cosas que vino a mi mente en ese divertido viaje a mi "oscuro pasado", fue la de haber querido ser uno de los "Salserín" cuando tenía unos 8 ó 9 años. Ahora que lo pienso, gracias a Dios que recién estaba empezando a hacer uso de mi razón, sino hasta ahora me estaría rompiendo la cabeza por tratar de saber qué era lo que me hacía pensar en querer ser uno de esos niños desquiciados venezolanos. Bueno, es cierto que cantaba las canciones de Britney a mis 12, pero al menos ella era bonita... ¿no?
Y siguiendo con mis confesiones más indecorosas, esta vez le toca el turno a un hecho alejado de la música, y que servirá como el broche de oro perfecto para este bochornoso pero muy divertido [al menos para mí] post:
Ocurrió una vez que caminaba para ir a mi antiguo trabajo. Iba escuchando música con el volumen lo suficientemente alto como para no perderme las melodías, y lo suficientemente bajo como para escuchar si alguien me llamaba de improviso. Pasé por un parque en el que había un grupo de chicas no mayores de 16 años que conversaban alegremente entre ellas. Y desde que las vi, presentí que algo raro iba a ocurrir. Nunca, o mejor dicho, casi nunca, ningún grupo de chicas se ha gastado en molestarme. Es decir, empezar a silbarme, lanzarme besitos y ese tipo de cosas que algunos llaman "coquetería falsa". Bueno, ellas lo empezaron a hacer.
Como ya les dije, yo casi nunca había experimentado eso, entonces, me la empecé a creer un poco. Me hice el que no las escuchaba en lo más mínimo y seguí con la mirada al frente, cantando la canción que iba sonando en los audífonos de mi arrebatado mp4 (Briggite). Sin embargo, ellas continuaron con sus "piropos" y yo, ante el inusitado hecho, decidí voltear la mirada y dirigirla a ellas. No iba a hacer más, lo juro, pero una extraña fuerza se apoderó de mi mente y la obligó a mandar a mi boca las siguientes palabras: "Gracias, señoritas".
¡¿Para qué lo hice?! Lejos de sentirse avergonzadas, las chicas, que imagino aún estaban en el colegio, me empezaron a mirar con sus rostros llenos de extrañeza, como preguntándose "¿y a este qué le pasa?", hasta que una de ellas soltó la carcajada y dijo en voz lo suficientemente alta como para que la escuche todo aquel que estaba en ese parque: "¡Se la creyó!".
Sí pues, me la creí. ¿Y qué? Ahora ese recuerdo me hace reír como tienen idea, y la verdad es que me gusta recordarlo. Nunca lo he contado porque en serio me daba vergüenza, pero creo que es más divertido contarlo, para que así se pueda hacer bromas al respecto, no importa si el punto del chiste soy yo.
Esas han sido las cosas que más me avergonzaban y que ahora conoce todo aquel que revise este blog, si es que aún alguien lo visita. Espero los haya hecho reír al menos un poquito. Esa fue mi intención. De paso les dejo una canción que no va completamente de acuerdo con este tema, pero que bien podría acomodar algunas de sus líneas para ese fin. Porque al final, esas cosas que he contado, bien podrían ser consideradas como "Sins of my youth". Y la pregunta es para ella, "would you love me still...?".
Bien, ustedes no saben ni nunca sabrán a qué se refería ella con "eso", pero les puedo decir que está muy lejos de lo que ustedes imaginan. Cuando ella dijo "eso" estaba haciendo mención a algo que me contó hace unos días. Una de esas cosas que forman parte de un pasado del que no estamos muy orgullosos, pero que cuando las recordamos nos pueden hacer sonreír. Al menos es lo que creo yo.
Lo que sucede es que, desde que ella me contó "eso", yo le empecé a dar rienda suelta a mi 'habilidad' para la 'burla'. Pero no una burla vulgar, hiriente, o degradante, sino más bien que sea capaz de hacerla reír, de decirle entrelíneas que "eso" que ella hizo me parece gracioso y que lo recuerdo muchas veces porque quiero reírme junto con ella de algo que le sucedió, así como cuando también busco hacerla reír contándole las mil y una anécdotas "vergonzosas" de las que he sido protagonista, y que trato de contarle casi diariamente.
En fin, lo cierto es que al parecer a ella no le agrada mucho la idea, y desde hoy he decidido no volver a hacerle esa broma. Con esto que estoy contando, no pretendo hacerla quedar como una persona que no aguanta bromas, sino más bien, que me parece una persona genial al contarme ese tipo de cosas de su "oscuro pasado", como yo le llamo, y que le agradezco esa confianza, que, de hecho, es recíproca.
Ahora, ¿a qué viene todo lo que escribí antes de esta línea?, pues a que mediante este blog, en el que también he compartido algunas cosas que quizás debí guardar solo para mí, he pensado en contarles algo de mi propio "oscuro pasado", y que forman parte de las cosas que más me avergüenzan.
Empezaré por la que vino primero a mi mente mientras iba en el carro de regreso a mi casa pensando en este tema: Cuando era un púber, me gustaban las canciones de Britney Spears.
Sí, aunque no lo crean, o quizás sí, no lo sé, me sabía todas las canciones de sus discos primero y segundo. Hasta me llegué a comprar unos cuantos stickers, y un par de pósters que aún debo tener por ahí, aunque ahora ya no adornando la pared de mi cuarto, sino más bien protegiendo mis zapatos de la humedad del piso.
Otra de las cosas que vino a mi mente en ese divertido viaje a mi "oscuro pasado", fue la de haber querido ser uno de los "Salserín" cuando tenía unos 8 ó 9 años. Ahora que lo pienso, gracias a Dios que recién estaba empezando a hacer uso de mi razón, sino hasta ahora me estaría rompiendo la cabeza por tratar de saber qué era lo que me hacía pensar en querer ser uno de esos niños desquiciados venezolanos. Bueno, es cierto que cantaba las canciones de Britney a mis 12, pero al menos ella era bonita... ¿no?
Y siguiendo con mis confesiones más indecorosas, esta vez le toca el turno a un hecho alejado de la música, y que servirá como el broche de oro perfecto para este bochornoso pero muy divertido [al menos para mí] post:
Ocurrió una vez que caminaba para ir a mi antiguo trabajo. Iba escuchando música con el volumen lo suficientemente alto como para no perderme las melodías, y lo suficientemente bajo como para escuchar si alguien me llamaba de improviso. Pasé por un parque en el que había un grupo de chicas no mayores de 16 años que conversaban alegremente entre ellas. Y desde que las vi, presentí que algo raro iba a ocurrir. Nunca, o mejor dicho, casi nunca, ningún grupo de chicas se ha gastado en molestarme. Es decir, empezar a silbarme, lanzarme besitos y ese tipo de cosas que algunos llaman "coquetería falsa". Bueno, ellas lo empezaron a hacer.
Como ya les dije, yo casi nunca había experimentado eso, entonces, me la empecé a creer un poco. Me hice el que no las escuchaba en lo más mínimo y seguí con la mirada al frente, cantando la canción que iba sonando en los audífonos de mi arrebatado mp4 (Briggite). Sin embargo, ellas continuaron con sus "piropos" y yo, ante el inusitado hecho, decidí voltear la mirada y dirigirla a ellas. No iba a hacer más, lo juro, pero una extraña fuerza se apoderó de mi mente y la obligó a mandar a mi boca las siguientes palabras: "Gracias, señoritas".
¡¿Para qué lo hice?! Lejos de sentirse avergonzadas, las chicas, que imagino aún estaban en el colegio, me empezaron a mirar con sus rostros llenos de extrañeza, como preguntándose "¿y a este qué le pasa?", hasta que una de ellas soltó la carcajada y dijo en voz lo suficientemente alta como para que la escuche todo aquel que estaba en ese parque: "¡Se la creyó!".
Sí pues, me la creí. ¿Y qué? Ahora ese recuerdo me hace reír como tienen idea, y la verdad es que me gusta recordarlo. Nunca lo he contado porque en serio me daba vergüenza, pero creo que es más divertido contarlo, para que así se pueda hacer bromas al respecto, no importa si el punto del chiste soy yo.
Esas han sido las cosas que más me avergonzaban y que ahora conoce todo aquel que revise este blog, si es que aún alguien lo visita. Espero los haya hecho reír al menos un poquito. Esa fue mi intención. De paso les dejo una canción que no va completamente de acuerdo con este tema, pero que bien podría acomodar algunas de sus líneas para ese fin. Porque al final, esas cosas que he contado, bien podrían ser consideradas como "Sins of my youth". Y la pregunta es para ella, "would you love me still...?".
martes 21 de diciembre de 2010
Cicatriz
Esto debí haberlo escrito ayer, apenas leí lo que tú habías escrito. Pero no lo hice, y no sé por qué. Tal vez quise ignorarlo. Hacer la cuenta que no leí ninguna de tus palabras para verte hoy sin la necesidad de preguntarte por qué lo hiciste. Es que iba a ser complicado tocar el tema. No me imagino preguntándote por qué escribiste eso. ¿Y luego qué? Si me decías que lo hiciste sin ninguna razón, ¿qué? Si me decías que lo hiciste porque te dio la gana, ¿qué? Si me decías que lo habías escrito por la misma razón por la que yo ahora escirbo esto, ¿qué?
Dime, pues, ¿qué? Yo no sé. Tal vez te hubiera mirado. No, no te hubiera mirado. Te hubiera evitado. Sí, eso. Porque no habría sabido qué decirte. No soy capaz de decirte ninguna de las cosas que debo. O mejor dicho, que no debo, porque sé que no está bien decírtelas. Todas las palabras que pienso decirte están mal. Y no me preguntes por qué. Sé que lo sabes, pero calla. Deja que el silencio se encargue de borrar esto. No es lo que quiero, pero es lo que debe ser. ¿Me entiendes? No es complicado. Guarda tus palabras.
No me dejes explicarte lo que no te estoy diciendo. No pretendas actuar como si no supieras nada. Mejor olvida esto, "mientras no te olvides de mí". Acuérdate quién soy: el que te hace reír, con o sin ganas. Con bromas, con cosquillas. Piensa en mí como un payaso. Ese que algún día quise ser. El que se pinta la cara y se pone una gran nariz. Pero no el que te asustaba de niña. Piensa en uno bueno. Uno que solo te provoca risa. Un payaso. Eso, un verdadero payaso.
O un mentiroso. Recuerda mis mentiras. "Eres un mentiroso". Acuérdate de eso. Piensa en las veces que te mentía. Y luego trae a tu mente las verdades que yo mismo te decía. Porque nunca te pude mentir. Tú sabes. Soy un falso mentiroso. Inventor de historias. Hacedor de situaciones que luego admitía ficticias. "Mentiroso". Me gusta. Me gusta escucharte decirlo, porque no lo haces con maldad. Me dices mentiroso con cariño. Así lo siento. ¿Acaso me equivoco? No quiero equivocarme, aunque debería.
Tengo que estar equivocado. No puedo dejar que sientas cariño por mí. Me da miedo. Temo que ese cariño se acabe sin haberlo conocido. Me aterra conocerlo y perderlo luego. Prefiero que no exista. ¿Existe? Quiero que me lo digas. Pero no debo saberlo. Es que yo... tú sabes. Ya lo debes haber supuesto. No me hagas ser más claro. Olvídalo. "¿Cómo estás?". Confundido. Quiero confundirte. Que no me entiendas. Que olvides. Pero ya es tarde. Ya lo sabes. ¿Qué hago ahora? Vuelvo al principio. No sé qué hacer, pero sé lo que no debo, o qué no debía.
¿Qué haré mañana? Hola. Creo que bien. Mentira. Estoy nervioso. ¿No lo sabes? Entonces estoy bien. No te lo diré. ¿Estás molesta? Parece. Discúlpame. Te quiero... te quiero decir, digo, que tengo una nueva cicatriz.
Dime, pues, ¿qué? Yo no sé. Tal vez te hubiera mirado. No, no te hubiera mirado. Te hubiera evitado. Sí, eso. Porque no habría sabido qué decirte. No soy capaz de decirte ninguna de las cosas que debo. O mejor dicho, que no debo, porque sé que no está bien decírtelas. Todas las palabras que pienso decirte están mal. Y no me preguntes por qué. Sé que lo sabes, pero calla. Deja que el silencio se encargue de borrar esto. No es lo que quiero, pero es lo que debe ser. ¿Me entiendes? No es complicado. Guarda tus palabras.
No me dejes explicarte lo que no te estoy diciendo. No pretendas actuar como si no supieras nada. Mejor olvida esto, "mientras no te olvides de mí". Acuérdate quién soy: el que te hace reír, con o sin ganas. Con bromas, con cosquillas. Piensa en mí como un payaso. Ese que algún día quise ser. El que se pinta la cara y se pone una gran nariz. Pero no el que te asustaba de niña. Piensa en uno bueno. Uno que solo te provoca risa. Un payaso. Eso, un verdadero payaso.
O un mentiroso. Recuerda mis mentiras. "Eres un mentiroso". Acuérdate de eso. Piensa en las veces que te mentía. Y luego trae a tu mente las verdades que yo mismo te decía. Porque nunca te pude mentir. Tú sabes. Soy un falso mentiroso. Inventor de historias. Hacedor de situaciones que luego admitía ficticias. "Mentiroso". Me gusta. Me gusta escucharte decirlo, porque no lo haces con maldad. Me dices mentiroso con cariño. Así lo siento. ¿Acaso me equivoco? No quiero equivocarme, aunque debería.
Tengo que estar equivocado. No puedo dejar que sientas cariño por mí. Me da miedo. Temo que ese cariño se acabe sin haberlo conocido. Me aterra conocerlo y perderlo luego. Prefiero que no exista. ¿Existe? Quiero que me lo digas. Pero no debo saberlo. Es que yo... tú sabes. Ya lo debes haber supuesto. No me hagas ser más claro. Olvídalo. "¿Cómo estás?". Confundido. Quiero confundirte. Que no me entiendas. Que olvides. Pero ya es tarde. Ya lo sabes. ¿Qué hago ahora? Vuelvo al principio. No sé qué hacer, pero sé lo que no debo, o qué no debía.
¿Qué haré mañana? Hola. Creo que bien. Mentira. Estoy nervioso. ¿No lo sabes? Entonces estoy bien. No te lo diré. ¿Estás molesta? Parece. Discúlpame. Te quiero... te quiero decir, digo, que tengo una nueva cicatriz.
sábado 27 de noviembre de 2010
La visita de Billy

Cuando me enteré que Billy Corgan venía a Lima a tocar las canciones de los Smashing Pumpkins, me dije a mí mismo que por nada del mundo me perdía ese concierto, incluso si no conseguía trabajo. Felizmente pude conseguir dinero prestado, y luego el puesto de trabajo que necesitaba para pagar lo que pedí por la entrada.
Desde que tuve la entrada en mis manos estaba muy ansioso por que el día del concierto llegue. Todos los días repetía las canciones de los SP que sonaban en mi mp4, mientras iba al trabajo, a caminar, a montar bicicleta, o cuando me quedaba despierto en las madrugadas soñando con poder gritar "Stand inside your love".
Cuando por fin el calendario marcó el gran día (25 de noviembre), se me erizaron los vellos de la piel. Es que Smashing Pumpkins no es una banda cualquiera para mí (y para muchos otros). La voz de Billy Corgan tiene ese poder de transportarme a un espacio que nunca termino de conocer. Es como si fuera un viaje a otra dimensión, en la que mi mente se despoja de mi cuerpo y solo flota dejándose llevar por qué se yo.
También es recordar episodios de mi vida que no necesariamente han sido buenos, pero que la magia de Billy los transforma en hechos bellamente recordables. Es una experiencia nostálgica, pero que no queda solo en los recuerdos, sino que va más allá. Es como si volviera a vivirlos, pero sin cometer errores, o cometiéndolos pero ya sin sentir culpa, porque la voz de Billy está ahí... acompañando y adueñándose de la tristeza.
Por eso es que no quise perderme escuchar en vivo canciones como "Disarm", o "Tonight, tonight", entre otras. Quería estar ahí, presente, escuchando y viendo cómo Billy interpreta las canciones que lo han llevado a convertirse en un genio.
En fin, llegué al estadio de la Universidad San Marcos con mi entrada a la Zona A. Entré al campo, me paré en el lugar que creí el mejor (felizmente encontré un buen sitio, muy cerca al escenario) y esperé hasta ver salir a Billy y su grupo de músicos.
Estuve esperando desde cerca de las siete de la noche. El Lima Hot Festival (así se llamaba el espectáculo) ya había empezado cuando yo llegué. No escuché a la primera banda que salió (Space Bee), pero sí pude escuchar a La Mente (no es mi estilo, pero para pasar el rato o 'tonear' está bien), Leusemia (no es necesario que diga algo sobre Daniel F y compañía) y Stereophonics (me gustan unas cuantas canciones, no todas, pero la pasé bien escuchándolos). Y con esas cuatro bandas ya fuera del escenario, era el turno de que Billy haga suya la noche.
Eran las 10.30 pm más o menos cuando anunciaron lo que Lima tanto había estado esperando: Los Smashing Pumpkins. Es cierto, no son los SP originales, pero qué va. Al menos estaba Corgan, y eso ya era bastante.
Él salió y la gente lo recibió como solo un grande como él se lo merece. Después de agradecer el gesto que sus fanáticos peruanos, Billy empezó a decirnos que ése iba a ser uno de los mejores días de nuestras vidas. Aunque, al final, sentí que estuvo lejos de serlo.
Lo que pasa es que no escuché muchas de las canciones que quería escuchar. Había comprado mi entrada pensando en escuchar "That's the way (my love is)", por ejemplo, y no la escuché. Además, faltó "Mayonaise". ¿Qué es un playlist de los SP sin esta canción?
Otra cosa. La actitud de Billy. Sé que es egocéntrico, que no le interesa lo que alguien opine de lo que hace, pero creo que tampoco es para mostrarse aburrido. ¿O acaso alguien de los que fue me va a negar que se le notaba aburrido? Se notaba a leguas, aunque yo lo noté estando muy, muy cerca.
En fin. No me voy a poner a renegar ahora. Solo me queda decir que igual agradezco que Corgan y su nueva banda (la bajista se robó mi corazón, no por su físico, sino por la manera tan sensual de tocar) hayan venido a nuestra ciudad. Igual agradezco la sinceridad de Billy al decir que el tráfico limeño era terrible (me hizo reír mucho cuando dijo eso, incluso bromeó al decir que pensaba que nosotros, los asistentes, habíamos tenido que salir desde el día anterior para poder estar ahí). Por todo eso y por regalarme una parte de lo que creía imposible, gracias.
Aquí les dejo algunas fotos que tomé ese día y un video.
Desde que tuve la entrada en mis manos estaba muy ansioso por que el día del concierto llegue. Todos los días repetía las canciones de los SP que sonaban en mi mp4, mientras iba al trabajo, a caminar, a montar bicicleta, o cuando me quedaba despierto en las madrugadas soñando con poder gritar "Stand inside your love".
Cuando por fin el calendario marcó el gran día (25 de noviembre), se me erizaron los vellos de la piel. Es que Smashing Pumpkins no es una banda cualquiera para mí (y para muchos otros). La voz de Billy Corgan tiene ese poder de transportarme a un espacio que nunca termino de conocer. Es como si fuera un viaje a otra dimensión, en la que mi mente se despoja de mi cuerpo y solo flota dejándose llevar por qué se yo.
También es recordar episodios de mi vida que no necesariamente han sido buenos, pero que la magia de Billy los transforma en hechos bellamente recordables. Es una experiencia nostálgica, pero que no queda solo en los recuerdos, sino que va más allá. Es como si volviera a vivirlos, pero sin cometer errores, o cometiéndolos pero ya sin sentir culpa, porque la voz de Billy está ahí... acompañando y adueñándose de la tristeza.
Por eso es que no quise perderme escuchar en vivo canciones como "Disarm", o "Tonight, tonight", entre otras. Quería estar ahí, presente, escuchando y viendo cómo Billy interpreta las canciones que lo han llevado a convertirse en un genio.
En fin, llegué al estadio de la Universidad San Marcos con mi entrada a la Zona A. Entré al campo, me paré en el lugar que creí el mejor (felizmente encontré un buen sitio, muy cerca al escenario) y esperé hasta ver salir a Billy y su grupo de músicos.
Estuve esperando desde cerca de las siete de la noche. El Lima Hot Festival (así se llamaba el espectáculo) ya había empezado cuando yo llegué. No escuché a la primera banda que salió (Space Bee), pero sí pude escuchar a La Mente (no es mi estilo, pero para pasar el rato o 'tonear' está bien), Leusemia (no es necesario que diga algo sobre Daniel F y compañía) y Stereophonics (me gustan unas cuantas canciones, no todas, pero la pasé bien escuchándolos). Y con esas cuatro bandas ya fuera del escenario, era el turno de que Billy haga suya la noche.
Eran las 10.30 pm más o menos cuando anunciaron lo que Lima tanto había estado esperando: Los Smashing Pumpkins. Es cierto, no son los SP originales, pero qué va. Al menos estaba Corgan, y eso ya era bastante.
Él salió y la gente lo recibió como solo un grande como él se lo merece. Después de agradecer el gesto que sus fanáticos peruanos, Billy empezó a decirnos que ése iba a ser uno de los mejores días de nuestras vidas. Aunque, al final, sentí que estuvo lejos de serlo.
Lo que pasa es que no escuché muchas de las canciones que quería escuchar. Había comprado mi entrada pensando en escuchar "That's the way (my love is)", por ejemplo, y no la escuché. Además, faltó "Mayonaise". ¿Qué es un playlist de los SP sin esta canción?
Otra cosa. La actitud de Billy. Sé que es egocéntrico, que no le interesa lo que alguien opine de lo que hace, pero creo que tampoco es para mostrarse aburrido. ¿O acaso alguien de los que fue me va a negar que se le notaba aburrido? Se notaba a leguas, aunque yo lo noté estando muy, muy cerca.
En fin. No me voy a poner a renegar ahora. Solo me queda decir que igual agradezco que Corgan y su nueva banda (la bajista se robó mi corazón, no por su físico, sino por la manera tan sensual de tocar) hayan venido a nuestra ciudad. Igual agradezco la sinceridad de Billy al decir que el tráfico limeño era terrible (me hizo reír mucho cuando dijo eso, incluso bromeó al decir que pensaba que nosotros, los asistentes, habíamos tenido que salir desde el día anterior para poder estar ahí). Por todo eso y por regalarme una parte de lo que creía imposible, gracias.
Aquí les dejo algunas fotos que tomé ese día y un video.
lunes 15 de noviembre de 2010
Twisted Metal 2: Una pasión
Hablar de videojuegos me emociona. Me hace recordar, quizás, los momentos más felices de mi infancia y parte de mi adolescencia. Cómo no dejarme embargar por la nostalgia al rememorar esos momentos en los que me sentaba frente a un televisor, me aferraba a una manija y me sumergía de lleno en un mundo virtual maravilloso. Uno que siempre me abría sus puertas y en el que nunca me sentí ajeno, como muchas veces sí me he sentido en el mundo real.
Empecé desde muy niño, no recuerdo qué edad tenía exactamente, pero calculo que a los 5 años ya había jugado, al menos, unas dos sagas de Mario Bros. Por ese entonces, para jugar Supernintendo tenía que ir a los locales donde, a cambio de una moneda de un Sol, tenía acceso para poder disfrutar del único vicio que he tenido en mi vida por una hora (o media, si es que pagaba con 50 céntimos).
Jugaba de todo. Desde Soccer 2 hasta Castlevania, y todos los juegos me gustaban. El Supernintendo fue mi debilidad por muchos años, hasta que un día descubrí una consola de color gris que funcionaba con Cd's: La divina PlayStation.
Fue amor a primera vista. Me conquistó con el primer juego que probé: 3Xtreme. Al igual que con el Supernintendo, tenía que ir a alquilar la Playstation, aunque cobraban más (2 Soles la hora en un principio, luego fue bajando hasta 1 Sol). Pero, gracias a mis padres, cuando cumplí 13 años tuve mi propia Play en casa.
Ya se imaginarán las horas de horas que pasaba con mi Play. Acepto que me digan vicioso, es que en verdad lo era. Sobre todo cuando de jugar uno de los mejores juegos de la historia, sino el mejor, se trataba: Twisted Metal 2. ¡Gracias por inventarlo! Gracias, de verdad.
Quien no lo haya jugado nunca, no sabe lo que se ha perdido. Carros batallando en diversos lugares del mundo, luchando unos contra otros para ser los vencedores en el torneo que la mente retorcida de Calypso había preparado. Twisted Metal 2 era, simplemente, espectacular.
Ciudades como Los Ángeles, Moscú, París, Nueva York, Holanda, Hong Kong y la Amazonía servían de escenario para los choques más violentos y los misiles más certeros entre los carros con las actitudes más belicosas jamás antes vistas.
Mi favorito era Spectre, aquel del misil capaz de traspasar paredes hasta llegar a impactar en el enemigo. Conduciendo con él me sentía seguro, rápido y audaz. Si las cosas empezaban a salir mal (su armadura no era muy buena), podía acelerar e ir en busca de la medicina que me devuelva al mejor estado. Era el carro perfecto para mí.
Otro que me gustaba era Outlaw 2, que, de hecho, fue el primero que usé. Lo conducía la bella oficial Jamie Roberts (en mi otro blog tengo un dibujo de ella), dueña de unos ojos azules que impactaban. Aparte de hermosa (fue una de las primeras mujeres de las que me enamoré) era muy hábil al momento de enlazar con su onda magnética a los enemigos que se encontraban alrededor de su coche patrulla.
Todos los carros tenían su propia característica, lo que permitía que cada jugador escoja el que mejor le acomode. Twister era veloz, con un special weapon (un remolino) bastante potente, pero con una armadura muy débil. Thumper era el carro perfecto para el que gustaba de ir al ataque sin medir mucho las consecuencias (su gigantesca flama delantera intimidaba a cualquiera). Warthog era lento, pero muy fuerte. Mr. Grim era para los que se aventuraban y dejaban que la adrenalina recorra por sus venas. Mr. Slam era perfecto para quienes no buscaban velocidad, pero sí mucha estrategia. Escoger a Axel era demostrar que no se le temía a nada. Shadow era para los más precisos al atacar. Roadkill para los que con poco se sentían capaces de mucho. Grasshopper para los que atacaban por sorpresa. Hammerhead te hacía sentir amo de las pistas. Y Minion, Sweetooth y Dark Tooth para los amantes de los trucos.
En fin. Twisted Metal 2 era, es y seguirá siendo lo máximo. No habrá juego de su género que lo supere (se ha hecho varios TM luego de éste, incluso para consolas más modernas como la PS2 o la PS3, pero ninguno, según mi opinión, ha sido suficientemente bueno como lo fue el TM2).
Todo era muy bueno en este juego. Los gráficos, aunque en 2d, eran estupendos. Ni qué decir del soundtrack, simplemente PERFECTO. Mi escenario de batalla favorito era París, pero el tema de Moscú se lleva todos mis reconocimientos. Bueno de principio a fin. Aquí, justamente, les dejo un video que he editado para esta ocasión. Disfrútenlo.
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